Diario Sur

LA ROTONDA

Crece la obesidad

Paradojas de la vida, mientras en los países pobres la gente se muere de hambre, en los del llamado primer mundo la muerte llega por tener demasiado llena la barriga. La obesidad se ha convertido en una pandemia que amenaza con cobrarse numerosas víctimas. La causa de que las enfermedades asociadas a la gordura se hayan multiplicado como gotas de lluvia en un temporal está en que se ingieren más calorías de las necesarias y en que el deporte preferido de gran parte de la sociedad es sentarse ante el televisor, el ordenador, la tableta o el teléfono móvil. Vamos, que se ha dado de lado al ejercicio físico y se ha adoptado como propia la frase, cuyo autor desconozco, que sostiene que «correr es de cobardes». Bromas aparte, porque el tema es muy serio, el sedentarismo es un problema que hay que combatir si no se quiere decir adiós a este mundo antes de tiempo. Los expertos lo explican con claridad, pero parece que claman en el desierto: simplemente con andar a diario una hora se lograría un avance muy importante en la guerra contra las consecuencias de ser sedentario. Practicar algún tipo de ejercicio (caminar, nadar o montar en bicicleta, por ejemplo) es conveniente para la salud, teniendo en cuenta, claro está, la capacidad y posibilidades de cada persona. Sin embargo, no basta sólo con ponerse en marcha moviendo un pie tras otro. Además, hay que comer menos y con más cabeza. Ya se sabe que de grandes cenas están las sepulturas llenas. Si también son pantagruélicos los desayunos y los almuerzos, pues mucho peor.

La clave está en seguir la llamada dieta mediterránea y en retirarse de la comida basura. Es decir, más verduras, frutas, aceite de oliva virgen, frutos secos y legumbres y menos hamburguesas, pizzas, perritos calientes, bollería industrial y bebidas azucaradas. Lo mejor es comer de forma variada, pero con frugalidad. No hay que rebañar los platos ni llenarlos a rebosar. Habría que saber diferenciar entre comer para vivir y vivir para comer. La obesidad es una lacra que se expande de manera vertiginosa. Hay que detener su propagación, pero ¿cómo?, porque una cosa es predicar y otra dar trigo. La solución no es sencilla y, si no se logra una verdadera concienciación social, atajar la gordura será como querer ponerle puertas al campo. Desde una concepción general es necesario un cambio del modelo de sociedad y desde una individual, una modificación de los estilos de vida. Si se aúnan ambos factores se habrá dado un paso trascendental para contrarrestar la obesidad de forma efectiva. En caso contrario, las enfermedades metabólicas continuarán aumentado, con el consiguiente perjuicio para los pacientes, un crecimiento que hará cada vez más insostenible un sistema sanitario público que ya se ve desbordado.