Diario Sur

LA TRIBUNA

Queda mucho por hacer

El día 17 de octubre se celebra en Málaga el Día contra la Pobreza, bajo el eslogan de que 'nadie se quede atrás'. Porque, al volver la vista atrás a nuestra realidad social, nos encontramos con un grupo cada vez más numeroso de personas que se han quedado atrás, hundidas en situaciones de pobreza severa, que invitan a hacer una reflexión y entender que queda mucho por hacer.

Precisamente, estos días, el FMI, en su reunión semestral en Washington, asume que la riqueza no se reparte con equidad y, cambiando su habitual narrativa económica, asegura que «el crecimiento solo ha beneficiado a unos pocos». Es tal la preocupación que el informe anual del FMI de 2016 convierte la desigualdad en un área prioritaria de trabajo para el próximo año, equiparándolo al nivel de los análisis sobre el sector financiero o los riesgos fiscales. Este cambio de rumbo del FMI, bastión del neoliberalismo, llama la atención, bien por temor a los populismos, bien porque constata que efectivamente la desigualdad se ha convertido en riesgo económico y social. Como reflexiona Jacob Kirkegaard, del entorno del FMI y miembro del Instituto Peterson, en Washington, «las herramientas con las que los economistas trabajamos han tendido al crecimiento del PIB, que es bueno, pero el problema es que si ese crecimiento va al 2% de la población y el 98% pierde, hemos creado un problema social».

Sin ir más lejos, la mal llamada crisis sigue mostrando su cara más dura en los casi treinta mil hogares malagueños, que se ven abocados a hacer uso de las ayudas que concede Cáritas en toda la provincia y Melilla para poder tener acceso a lo más básico: comida, algo de dinero con el que poder pagar la luz o el alquiler y ropa. El año pasado fueron un total de 27.560 las familias atendidas, según la información que ofreció Cáritas, al presentar su memoria anual. Ese dato supone un incremento del 55% respecto al de 2014.

Mirando un poco más lejos, al día de hoy, y en referencia a los derechos humanos y protección social, la cantidad de personas que viven en extrema pobreza (con menos de 1 euro al día) es de 836 millones, según Naciones Unidas. Desde el comienzo del siglo XXI, la mitad más pobre del mundo solo incrementó su riqueza en un 1%, pero el 1% más rico se quedó con la mitad del incremento producido en el mundo. Según Oxfam, si en 2010, 388 ricos millonarios poseían la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial (3.600 millones de personas), en 2015 son solo 62.

Según otro informe, en este caso de AROPE, España es el segundo país de la UE en pobreza infantil, y el riesgo de pobreza afecta a más de tres niños y niñas de cada 10 en España. Sorprende, en nuestro país, que 13 millones de personas se encuentran en riesgo de pobreza, y que el número de millonarios aumente un 13% entre 2012 y 2013.

Siguiendo el hilo de la exclusión encontramos que, en la UE, han sido reubicadas poco más de 3.100 personas refugiadas, según CEAR. En España, a pesar de haberse comprometido a aceptar a 16.000, el propio Ministerio del Interior reconoce, en julio, que sólo habían reubicado a 200, sabiendo que en mayo de 2016, la guerra en Siria ya había forzado el exilio a 4,9 millones de personas y el desplazamiento de 7,6 millones.

Un pequeño granito de arena para que nadie quede atrás es la cooperación al desarrollo. Pero según el CAD, España destina solo el 0,13% de la RNB (1.446 millones de euros en 2015) a cooperación, aunque el Gobierno anuncie que es el 0,17%. La cooperación internacional ha caído un 68% respecto a 2010, y los fondos de AOD gestionados por ONGD han caído un 71% desde 2009.

Mirando lo que llamamos trabajo decente en el mundo, en 2015, 204 millones de personas no tenían trabajo, entre ellas, 74 millones de jóvenes, según datos oficiales. En torno a 830 millones de personas son trabajadores pobres (ganan menos de 2 euros al día), según datos del Informe de Desarrollo Humano. Este mismo informe cifra en más de 1.500 millones las personas con un empleo vulnerable, careciendo de condiciones de trabajo dignas, así como de una representación y una seguridad social adecuadas.

La pobreza tiene particular incidencia en el medio ambiente. Según el Centro de Seguimiento de Desplazados Internos, existen 19,3 millones de refugiados climáticos en el mundo. Se calcula que el cambio climático podría arrojar a 720 millones de personas al nivel de extrema pobreza en los próximos años.

Al hablar de la pobreza hay que hacerlo también de la justicia fiscal. Un informe de Oxfam explica que casi un tercio de la fortuna de los africanos más ricos, un total de 500.000 millones de dólares, se encuentra en paraísos fiscales. Esto supone para África una pérdida de 14.000 millones de dólares anuales en concepto de ingresos fiscales. Mirando nuestro país, el profesor Gabriel Zucman calcula que el importe de depósitos y patrimonio de los españoles en el exterior es de más de 160.000 millones de euros, de los que 144.000 millones estarían ocultos en paraísos fiscales. En 2015, GESTHA estimaba que el Estado español pierde 8.250 millones de euros al año por la elusión fiscal de las multinacionales. A las y a los ciudadanos españoles esto les supone entre 800 y 1.000 euros más en impuestos por el fraude que comenten otras personas.

Efectivamente queda mucho por hacer. La celebración del Día de la pobreza es una invitación a la solidaridad y la justicia social y medioambiental, siendo el ámbito público el lugar privilegiado para abordar los tres grandes desafíos (pobreza, desigualdad e insostenibilidad) de la nueva agenda de desarrollo.