Diario Sur

A LO PANENKA

La desgraciada lesión de Llorente reequilibró la revolucionaria alineación de Juande Ramos. El técnico quiso arropar el equipo por las numerosas bajas y apostó de entrada por un once defensivo, con la utilización de Rosales en la zona de ataque, y Torres de lateral. Fue una de las grandes sorpresas. Pero esto también lo obligó a buscar otro acompañante para Llorente, en este caso Mikel, que debutaba. Pero esta fórmula acabó muy rápido y cambió el corte del bloque, ya más ofensivo, aunque al final no sirvió para confirmar la remontada. El conjunto malagueño sigue sin arrancar.

El fantasma de los desajustes y los errores siempre está presente, además de la falta de pegada. Los guiones previstos del Málaga y de sus rivales suelen cambiar casi siempre, como ocurrió ayer por el fallo de Kameni en el gol, que nadie pudo neutralizar ni corregir en la jugada anterior ni en la misma del error. Estos problemas siempre los paga el equipo. Y ayer el rival tuvo que variar lo previsto, pero con el marcador a favor. Todo lo trabajado durante las dos semanas anteriores pasó a un segundo plano. Entonces hubo que improvisar. Con todo a contrapié. Pese a todo, llegó al final el empate, por lo que el potencial está. Existe. Habrá que seguir reflexionado, a la vez que trabajando hacia algún punto claro que permita al equipo disponer de una identidad clara y propia.

Las circunstancias llevaron al Málaga a la paradoja de que, pese a los numerosos y costosos fichajes cara a esta campaña, utilizó al final del choque, en busca del triunfo en Vitoria, a cuatro jugadores procedentes del filial (Mikel, Juanpi, Pablo y En-Nesyri). Keko y Kuzmanovic, por ejemplo, se quedaron fuera por sus lesiones, mientras que Santos sigue sin debutar y Jony jugó ayer sólo algunos minutos tras perder su plaza en el once inicial semanas atrás. De hecho, el propio Jony y Sandro fueron los dos únicos de los recién llegados que acabaron el partido.