Diario Sur

LA NUBE DOBLE

HECHOS DE LOS 90

No sé si por Dylan, pero sí le preguntaron el otro día a la vicepresidenta por todo lo que está saliendo a relucir, es un decir, en el juicio de la Gürtel. Y Soraya Sáenz de Santamaría respondió como cuando a Bisbal le recuerdan su noviazgo televisivo con Chenoa: que aquello ocurrió hace muchos años, que fueron hechos de los noventa. El cantante de Almería se abraza ahora un pelín a su pasado, como vimos anoche en TVE en el primer documental aniversario de 'Operación Triunfo'. Y mientras tanto en todos los telediarios nos detallan prevaricaciones del ayer, que son como los grandes éxitos de aquellos tiernos veranos de lujuria y azoteas de cohechos. Para colmo de 'revivals', aparece Borrell en los titulares, está casi lista la nueva 'Twin Peaks' y la Campos celebra los veinte años de su 'Día a Día' y hasta rescató este sábado imágenes del 'Telecupón' de Carmen Sevilla, ay. Como escribió Ana Diosdado, no sé si los ochenta fueron alguna vez nuestros, pero está claro que de los noventa no podemos zafarnos.

Aunque nació en 2001, 'OT' arrastró siempre cosas del siglo pasado. No fueron problemillas de tesorería: fue sobre todo esa estética chispeante de nuestros jóvenes y brillantes noventa. Vemos imágenes de entonces y, aparte de los cambios físicos, cuyo destino depende de barrios o destreza cirujana, todo nos resulta tan emotivo como extraterrestre. Eso sí, salvo algún cardado, calcetín blanco o vaquero láser que, como el ajo, se repiten en las tendencias de moda. El ejercicio de memoria televisiva a costa de 'OT', que durará unas semanas, nos sienta a todos en el banquillo, como a Correa pero con menos pelazo. La propuesta invita a juzgarnos a nosotros mismos. Apuesto mi colección de CD´s caseros de 'OT1' a que muchos acabaremos melancólicos perdidos al recordar nuestros grandes hechos de los noventa o de los albores del milenio. Cuando todos votábamos a Rosa, llorábamos con Bustamante y queríamos ser un poco Bisbales. Sin saber, qué pobres, que lo mismo ya por entonces gastábamos maneras de Geno, Javián o Juan Camus, un poner.