Diario Sur

El FMI y la desigualdad

El Fondo Monetario Internacional (FMI), una de las instituciones de la Conferencia de Bretton Woods de julio de 1944 que estableció las reglas económicas que idearon los vencedores de la Segunda Guerra Mundial para establecer un nuevo orden mundial, fue durante décadas un organismo sin alma que se ocupaba de rescatar países del desequilibrio y la indigencia devolviéndolos a la estabilidad mediante drásticos sacrificios y recortes de cariz ultraliberal. Pero desde la estancia de Olivier Blanchard como economista jefe del FMI, entre 2008 y 2015, el organismo ha empezado a mostrar una mayor sensibilidad y a preocuparse de los efectos dañinos de la globalización y de las repercusiones sociales y económicas de la desigualdad.

El cambio de talante ha sido brutal, y en la reunión semestral de otoño que acaba de tener lugar en Washington, la actual directora gerente, Christine Lagarde, señaló que, tras la crisis, «el crecimiento sólo ha beneficiado a unos pocos», y marcó la pauta que a su juicio debe seguirse. «La globalización -dijo- debe ser diferente, no puede ser ese impulso por el comercio como hemos visto históricamente, debe tenerse en cuenta la inclusión, la determinación de que funcione para todos, debe prestarse atención a aquellos en riesgo de quedarse atrás». De hecho, muchos economistas de renombre y algún político preclaro como Obama han teorizado sobre los efectos perversos de la desigualdad sobre el crecimiento, por lo que ya no se trata solo de mantener unos valores éticos sino también de actuar con racionalidad económica. En la literatura especializada, múltiples investigaciones (Hovell, Bernstein, Kluger) muestran que a más desigualdad menos inversión en educación, con un efecto muy negativo a largo plazo.

Es una triste realidad que el cambio de actitud del FMI sólo ha tenido lugar cuando se ha hecho patente el ascenso imparable del populismo en sus distintas versiones. Es esta una respuesta peligrosa de las muchedumbres al fracaso de la política convencional, y una llamada de atención al 'establishment' para que se ocupe de lo que realmente importa, que es la equidad y el bienestar de la gente.