Diario Sur

A CADA UNO LO SUYO

¡El rey está desnudo!

Hace unos días hemos sabido que el fiasco de la salida a Bolsa de Bankia en 2011 y los enormes costes económicos que esa operación trasladó a todos los españoles, se podrían haber evitado si los órganos competentes del Banco de España hubieran estado receptivos a los argumentos que sus propios funcionarios les trasladaban. El 10 de mayo de 2011 (dos meses antes de la salida a Bolsa), el coordinador de la Inspección en BFA-Bankia, Sr.Casaus, advertía a su superior de la «viabilidad cuestionable por sus muy graves y crecientes problemas de rentabilidad, liquidez y solvencia» y que «la salida a Bolsa con la estructura de doble banco sin hacer cambios estructurales no funcionará y creará quebranto al contribuyente». Ni puñetero caso. Rodrigo Rato tiene su momento de gloria jaleado por todo el establishment nacional, su fotito dándole a la campana y por medio el desastre que ha enterrado miles de millones, alguno de ellos dilapidados en las famosas tarjetas black (los pobres andaban ajustados de liquidez y era una ayudita para fin de mes). Un despropósito en toda regla donde, como es habitual, alguien hizo de 'pepito grillo' sin que nadie le haga caso porque a veces es muy molesto escuchar la verdad.

Recordando el célebre cuento de Andersen, el inocente niño que grita «¡El Rey está desnudo!» es el funcionario que en ejercicio de su cargo debe velar por la legalidad de las actuaciones de los poderes públicos o de los particulares sometidos a su fiscalización. Los caraduras de turno convencen al rey del cuento (gestor sin escrúpulos) que donde no hay nada lo cubre un traje maravilloso y que «sólo los tontos no pueden verlo». Y claro, aquí tonto no quiere ser nadie, y aunque aquello apeste (contratas choriceras, enchufes indecentes, aeropuertos sin aviones...) la corte de pelotas y de aprovechados tacha de tonto («siempre poniendo problemas» le dicen) al desolado secretario o interventor del ayuntamiento que se parte la cara para que las cosas se hagan conforme a derecho, por poner un ejemplo de los cientos que pueblan todas las administraciones en España. Al aguafiestas le caen «chuzos de punta» porque lo para todo con sus manías legalistas, con tantos informes y «burocracia» que no permite esa reclasificación tan lucrativa para el «emprendedor» que quiere traer prosperidad a la ciudad, empleo, vamos, ríos de leche y miel al que ese reparo o advertencia de ilegalidad quiere poner un dique.

El osado es probable que sufra represalias. Depende de lo civilizado que sea el entorno pueden consistir en una mirada de disgusto, un ostracismo profesional, unas «vacaciones forzosas», malas formas y el más penco puede llegar directamente a la agresión. Como sé de lo que hablo, sirva esta modesta columna como homenaje a los «niños», que cumpliendo su deber le gritan al rey que está desnudo.