Diario Sur

CARISMAS Y CARAMBAS

MUNDOS DIFERENTES

QUÉ Marbella se convierta en un Destino Turístico Inteligente es uno de los objetivos de la ciudad para lo cual aún es necesario la elaboración del proyecto hasta llegar a su aprobación y así conseguir estar al mismo nivel que otras urbes, también inteligentes. Si se trata de hacer uso de la tecnología para mejorar la calidad de los que aquí vivimos, según la teoría, es un avance al que debemos sumarnos. Esto, claro está, si así lo cree conveniente la Sociedad Estatal para la Gestión de la Innovación y las Tecnologías Turísticas y si tenemos los requisitos mínimos para ser lo suficientemente inteligentes, tecnológicamente hablando.

Si usted es de los afortunados que sabe lo que significa ser un Destino Turístico Inteligente, está de enhorabuena. Si no es así, mejor que de un repaso a las noticias publicadas al respecto, en las que encontrará definiciones muy variadas y que, posiblemente, le dejen tal y como estaba antes. Estas son algunas de las descripciones puestas de manifiesto por regidores de otras ciudades: «una ciudad inteligente es una urbe única que tiene un valor identitario»; «es una ciudad capaz de hacer mucho con menos»; «una ciudad inteligente no es Silicon Valley sino aquella donde la inteligencia se pone al servicio del ciudadano».

A este respecto, uno de los citados mandatarios apuntaba sobre el equilibrio que deben tener las urbes e incidía en que «si tenemos una ciudad para turistas, con un casco histórico precioso, pero con barrios en mal estado, esa ciudad no sirve para nada». Estas manifestaciones son la otra cara de la moneda o la forma de poner los pies en la tierra mientras soñamos en embarcarnos de lleno en las nuevas tecnologías. Es cierto que debemos apostar por la innovación y todo lo que reporte beneficios a una ciudad como Marbella que vive de cara al turismo y recibe anualmente a miles de visitantes procedentes de todo el mundo. Pero no menos cierto es que, al menos de forma paralela, se trabaje en materia de infraestructuras, educación, sanidad y en la lucha contra la estacionalidad, esa que se sigue llevando tantísimos puestos de trabajo.

Mientras la mitad de los españoles seguimos sin saber leer el recibo de la luz, en una ciudad perdida en el norte de China se celebra el congreso 'Smart City Yinchuan 2016' para tratar de convertir las urbes en inteligentes y someter a debate cómo ahorrar en las facturas, transportes públicos más rápidos, aplicaciones para hacer trámites oficiales desde el móvil y ofrecer datos para la creación de empresas. Muchas ideas para que tengamos presente que hay que adaptarse al futuro. ¿No les da la impresión que es cómo si viviéramos en mundos diferentes?