Diario Sur

CITA EN EL SUR

La lluvia

Anunciaron lluvia y todos miramos al cielo como si estuviese en juego lo sembrado, que lo estaba. Como si el campo fuese nuestro, que lo es. Las castañas ya no iban a poder salvarse, pero quedaban la aceituna, el resto de cultivos y el agua. No llovía desde mayo y, a la espera de otras cuatro gotas el martes, para ahogarnos nos queda el vaso de agua, pero poco más, y el mar, «esa otra muerte», que decía Borges, que no ganó el Nobel de Dylan. Siguen lloviendo turistas, a cántaros, y las aerolíneas han aumentado un 23% el número de asientos para traer extranjeros este invierno. Aviones como salas de cine repletas de viajeros que se dirigen a otro mundo, que es este. Aquí no llueve y eso es un plus, un maldito plus. La Organización Mundial de la Salud ha pedido a los gobiernos que suban las tasas de las bebidas azucaradas, para que nuestros niños no se pongan tan gordos. A falta de agua les dan cocacola y a algunos les gusta, les engancha, y se llenan de azúcares, burbujas y fórmulas secretas que ya podría enrollarse Snowden y chivárnosla, para no hacerla. Un joven de cerebro privilegiado, aunque algo abollado, ha descubierto en su casa de Estepona la fórmula mágica de un potente explosivo. Le dio miedo su creación y la destruyó, ahora le queda gestionar los dos años de cárcel que le han caído como del cielo.

Los cerebros privilegiados también tienen buen uso. Esther García, una teleco malagueña, ha recibido un importante premio de una revista del MIT de Massachusets por adaptar aplicaciones tecnológicas para que puedan usarlas personas discapacitadas, y otro malagueño, Íñigo Ibarrondo, ha recibido un premio Adeco que le permitirá desarrollar un traje que se ajuste como una segunda piel a personas que padezcan de 'piel de cristal', como él.

Y luego nos llueve Bob Dylan con su premio Nobel de Literatura, el mismo que ganó Churchil y no ganaron ni Borges ni Thomas Bernhard. Hay gente a favor y gente en contra, y lo bueno es que se genere un debate público sobre ¡literatura! La gente mira la literatura como si fuera suya, que lo es, como mira desde ventanas de altos edificios el cielo que de nuevo está azul como si el campo, las cuencas secas, fueran suyas, que lo son. Todo es de todos. Y de todas. Nada nos es ajeno, y está bien que nos preocupemos por lo que en teoría no nos concierne, sólo así se aplicarán las tecnologías a las discapacidades, con el riesgo de que alguien fabrique un explosivo HMDT en su casa. Podría haber ganado un premio y ha recibido dos años de cárcel. Podía haber llovido más, pero al menos el campo estará verde, como en la gran canción de Sabina, que añade que «debe ser primavera», pero le falta un 'de' porque es probabilidad. A lo mejor un día Sabina gana el Cervantes, que termina en antes, pero eso sería después, un después sin vuelta atrás.