Diario Sur

ETA, del miedo a la risa

La falsa entrega de armas escenificada por unos encapuchados que decían ser de ETA, en febrero de 2014, a unos mediadores internacionales, se saldó con un despiporre de caricaturas en las redes. ETA pasó de dar miedo a dar risa cuando las pistolas y los explosivos fueron sustituidas por berzas y tomates, por juguetes de plástico o por una guitarra española.

En aquella imagen, presidida por una reproducción del Gernika, unos mediadores internacionales sostenían algunas de las armas, las miraban de cerca, como si no se acabaran de creer que fuera tales. La dimensión esperpéntica de aquel acto se confirmó cuando, después de hacer las fotos y grabar el video, los encapuchados se llevaron las armas, como si fueran de atrezzo, y las metieron en una caja de cartón, quien sabe si a la espera de nueva entregas. Ahora, la policía francesa y española se han incautado de cuatro bidones llenos de pistolas y fusiles, enterrados a cincuenta centímetros bajo tierra, en un zulo al norte de Paris, pertenecientes a la banda terrorista. Se diría que el zulo quería ser explotado políticamente por la banda y presentado como una entrega de armas que busca un final ordenado y verificado, y no entre carcajadas, pero la policía ha frustrado esa puesta en escena.

No es casual que este depósito de armas, que según el ministro del Interior estaba controlado desde hace días, se haya descubierto ahora, el 12 de Octubre, Fiesta Nacional y de la Guardia Civil y cinco años después de que la banda reconociera oficialmente su derrota al anunciar que no volvería a matar. De manera que hemos pasado de la caricatura, de dar la risa, de la gente entregada a hacer memes de aquella patética entrega de armas, a frustrar la puesta en escena pretendida por la banda. En octubre de 2004, cuando fue detenido el entonces máximo dirigente de la banda asesina, Mikel Antza, se localizó abundante documentación y unas arquelógicas cintas de casette en las que se recogían interrogatorios de veteranos etarras, entre otros, a empresarios secuestrados, como José Lipperheide, torturado durante treinta días por la banda, en enero de 1982. Ese material debería sumarse a las armas incautadas ahora, al paripé con los mediadores, para sumarse al relato de la derrota de ETA. Ha dicho Fernández Díaz que después de este golpe al teatro imaginado por ETA, se podrá revisar la dispersión de los más de cuatrocientos presos, distribuidos en 47 cárceles españolas.

Este anuncio es la demostración de que ETA buscaba algo parecido a una entrega de armas, que tampoco se le ha logrado. Qué cosa esta, después de años ensangrentando el país, ya nadie les toma en serio. Están derrotados y no han logrado ni uno solo de sus objetivos.