Diario Sur

MIRANDO AL MAR

EJEMPLOS PERMANENTES

Leo la entrevista que mi compañera Mónica le ha realizado al abogado Antonio Gálvez y me parece estar viéndolo a él en su mesa de una de las aulas del instituto de bachillerato (el que hoy es Río Verde) dando sus clases y explicándole a sus alumnos los datos geográficos de España, antes de salir corriendo para el juzgado, donde tenía asuntos pendientes.

Siempre me pregunté cómo era posible que encontrara tanto tiempo para desarrollar una tarea tan variopinta y complicada. Don Antonio Gálvez pertenece a ese tipo de personas que dedicaron su juventud a estudiar y, después, cuando desarrolló su labor profesional, dedicó todo el tiempo a ejercer permanentemente su vocación, en los diferentes campos que podía abarcar. Solamente eso, actualmente, con tanta mediocridad, ya es resaltable.

En estos días está recibiendo todo tipo de homenajes, sobre todo por parte de aquellos compañeros de la abogacía que siempre le han tenido un enorme respeto. Es, naturalmente, de justicia, porque a lo largo de su extensa carrera siempre dio muestra de una gran categoría profesional, con honradez, con esa sensibilidad que no se enseña en ninguna escuela y que forma parte de una personalidad singular.

Aquí quiero destacar también su faceta de profesor, puesto que fui su alumno en los estudios de bachillerato. Algunos recibimos clases de Geografía, Geografía Económica e Introducción a las Ciencias Jurídicas, que fue, en su tiempo, una asignatura optativa en el Curso de Orientación Universitaria. Don Antonio explicaba claramente, con ese lenguaje particular de cadencia lenta, pero de rigor efectivo.

Al volver la vista atrás, como hacemos muchas veces, nos damos cuenta de la importancia que algunas personas tuvieron en nuestras vidas. No se limitaron a enseñarnos aquello que figuraba en el programa oficial, sino que llegaban a preocuparse por nuestras situaciones personales y, aunque a veces nos pareciesen duros, había momentos en los que desplegaban su humanidad para ayudar a aquellos discípulos de los que sabían que pertenecían a familias humildes y que había que ayudarles, y sin dar muestras de ello. Eso se aprecia mucho mejor cuando pasan los años.

Cuando escribo estas líneas me asombro de algunos aspectos que nos ofrece la actualidad. Concejales de un municipio de Cataluña que se jactan de saltarse las leyes, e incluso rompen sentencias judiciales aludiendo a su interés político, dando un 'ejemplo' a la ciudadanía que da hasta para un análisis sociológico, si no es que es mejor el psicológico. Líderes políticos que no asisten a los actos del día del Fiesta Nacional, no vayan a mancharse de 'algo', y algunas cosas más que dan para pensar si no nos hemos vuelto locos.

Hoy casi todo es analizado desde el punto de vista político, donde algunos grupos pretenden ganar protagonismo y votos en las elecciones a base de ir en contra de todo lo que se incluye en unas normas que fueron aprobadas por todos los españoles. Después, curiosamente, quieren que se apliquen las leyes para las cosas que les interesan.

Es por eso que algunas personas tienen un valor especial, y no suelen ser protagonistas de la actualidad diaria, sino todo lo contrario: desarrollan su trabajo con intensidad cada día y sienten su efectividad en los buenos resultados que la tarea ha supuesto para sus clientes. «Nunca he cogido ni un duro», ha dicho. Y se ha quedado corto, porque conozco casos en los que nunca llegó a cobrar, pero cumplió con sus clientes.

A Don Antonio, siendo concejal del Ayuntamiento de Marbella, le daba vergüenza meterse con el alcalde (de otro partido) porque era el marido de una compañera suya en el instituto. «A ver cómo me meto con él», decía. Y es que las sensibilidades se imponen en algunos antes que los análisis ideológicos. Y no es gratuito que le llame Don Antonio, es que se lo ha ganado sobradamente. Los homenajes son merecidos, pero lo permanente es el reconocimiento y el cariño de siempre, aunque solamente salgan en una humilde columna periodística.