Diario Sur

EL EXTRANJERO

El cuento

El de nunca acabar. Ese es el cuento de la Biblioteca Provincial. Un cuento fántastico, no al estilo borgiano -a no ser que nos encontrásemos con un Borges atípico, borracho, desbrujulado--. No. Este es un cuento fantástico simplemente por lo increíble y por lo absurdo del argumento. Hace más de dos décadas la Biblioteca Provincial partió hacia la nada en espera de ocupar el antiguo colegio de San Agustín. La 'nada' era un lugar apartado, frente a un descampado de la avenida de Europa, en un local que más que biblioteca iba a ser un almacén, un contenedor en espera del acondicionamiento del antiguo colegio de los agustinos. Hace veintidós años. Para empezar, fueron desalojados del colegio los cursos para extranjeros de la Universidad, así como las estancias que ocupaban los estudiantes de Dickinson College. El inmueble cerró sus puertas. Y ahí sigue. Cerrado. Ocupando un lugar de privilegio en el corazón de Málaga, entre la Catedral y el Museo Picasso. Una gran interrogación en forma de piedra. Bien. Pero sigamos con la Biblioteca.

Alguien tuvo una idea luminosa, brillante como pocas. Convertir el antiguo cuartel y el convento de la Trinidad en el Parque de los Cuentos. Un mega edificio para el cuento, nunca mejor dicho. Un nuevo misterio. O sencillamente una parodia, una burla irónica sobre cuál es la situación real de la lectura en la comunidad y su consideración entre los administradores públicos. El auténtico reflejo de unos tiempos, dirán muchos. Cuando había dinero abundante para financiar ideas deficientes. Aeropuertos sin aviones, hospitales sin enfermos o inmuebles culturales sin contenido. O con contenidos fantasmas, fantasiosos. Y la fantasía, ya lo sabemos, es la hermana pobre de la imaginación. Se suponía que ese fantasioso Parque de los Cuentos albergaría también los más de ciento cincuenta mil libros de la Biblioteca Provincial. Sólo que el sueño se rompió. La carroza se convirtió puntualmente en calabaza cuando la crisis económica hizo su feroz aparición y los corceles de los fondos europeos se convirtieron en ratones hambrientos, desesperados. Se acabó la fiesta. Al menos para la mayoría.

De modo que hoy el convento y el cuartel trinitarios son pasto de las ratas y los matojos, San Agustín es una especie de casa Usher, la Biblioteca sigue en el exilio y la Junta de Andalucía lleva gastados siete millones de euros en el alquiler del local que provisionalmente la alberga. Provisionalmente. 22 años. Siete millones de euros, casi mil doscientos millones de las viejas pesetas, esas que todavía circulaban cuando la Biblioteca anidó en su destartalada sede de la avenida Europa. Ahora, además, acaban de librar un cuarto de millón más para afrontar un nuevo pago del alquiler. Puede que este cuento, como todos los de la mala literatura, encierre una moraleja, esa que viene a decirnos que los libros están en el furgón de cola de la sociedad. Aunque de lo que en verdad nos habla es del monstruo de la inoperancia y del ogro de la imprevisión.