Diario Sur

GOLPE DE DADOS

El agua y el aceite

En español apóstrofe significa 'Figura retórica que consiste en interrumpir, con vehemencia o no, el discurso de una persona animada u objeto inanimado; se trata de una figura literaria de diálogo"; no debe confundirse con apóstrofo, que es un signo de puntuación en forma de coma volada, ni tampoco nos embrollemos con la primera acepción de apóstrofe del RAE: «Insulto que provoca u ofende, dicterio»; a veces nos equivocamos al utilizar uno u otro término. En algunas ocasiones la reacción más que lógica, inmediata, es acudir al insulto, al dicterio, o directamente al exilio. Es cuando se escuchan disparates. Parece que el disparate se ha remendado porque el Ministerio de Hacienda accede a pagar galardones nacionales como el Cervantes, el Velázquez, los Príncipes de Asturias, y otros premios señeros. Al principio argumentaba que no había dinero en las partidas, en ninguna, para asumir tamaño dislate, fíjense la asimilación de cultura y España como palabras antagónicas. Es cierto que al leer esta noticia pasé de la estupefacción al desacato, sobre todo si uno comprueba lo negro que se pone nuestro país, y su leyenda, cuando, como en la copla, de veras se quiere.

Un tema me lleva a otro. El pasado martes visitó la francófona librería 'Jaimes' de Barcelona, ciudad condal, Bernard Pivot, que fuera director del programa televisivo 'Apostrophes', todavía el periodista cultural más famoso del mundo. Durante quince años, de 1975 a 1990, pasaron por su programa escritores de la talla de Borges, Duras, Yourcenar, Nabokov, Paz, Modiano, Bukowski, Debray, Le Clezio, Barnes, seguidos por una larga lista; las entrevistas aún pueden disfrutarse en un paquete completo que Antenne 2 hace años puso a la venta, y estos meses ha vuelto a lanzar al mercado: se las recomiendo, son un espectáculo, sabiduría en activo. Vale la pena practicar la lengua de Molière oyendo a Pivot diseccionar las obras de sus invitados, provocando incidentes inolvidables y discusiones de alto voltaje. Pivot confesó hace unos días que los autores eran conscientes de que él era un insoportable versado en sus títulos, una mosquita cojonera. No en vano el 'Cuestionario Pivot' se pone como modelo a seguir para todo periodista que se precie. Aun así, Pivot asegura que tuvo mucha suerte, que su programa fue televisado «en pleno posmodernismo, una transversalidad más permeable que la actual, donde muchas cuestiones eran, a su vez, cuestionadas»; sin embargo, no añora aquellos años en que llegó a subir las cotas de audiencia del segmento cultural: «siempre me han movido dos señoras, una, la curiosidad, y otra, la lectura», y remata: «No entiendo un país sin educación, en Francia es esencial, por eso la seguimos apoyando, a pesar de la crisis: Europa es cultura, es Historia, no somos nada sin eso». En España tuvimos una versión del 'Apostrophes' de Pivot, y más que digna. Se trató del espacio 'A fondo' dirigido por el gran Joaquín Soler Serrano, que se emitió del 76 al 81, con entrevistas a autores y artistas célebres.

Hoy es impensable.