Diario Sur

Poetas y bestias

Peru Saizprez escribió que los poetas son como los superhéroes, no porque puedan volar o abrir puertas con la mente, sino porque por lo general necesitan dos trabajos, cuando no más. Con su premio en Pasapalabra, David Leo se ha convertido en el primer poeta de su generación, y sospecho que también de las anteriores, cuya cuenta bancaria alcanza los siete dígitos sin contar decimales. La poesía no da para comer, como mucho alcanza para pagar un desayuno frugal, aunque algunos versos acompañan durante días como una buena noticia o un dolor punzante y eso no tiene precio. Málaga arrastra una sonrojante deuda con sus muchos poetas, pero la memoria, ya lo dijo Ray Loriga, es el perro más estúpido: le lanzas un palo y te devuelve cualquier cosa. La escultura de Ibn Gabirol en calle Alcazabilla sirvió durante años como váter canino al modo en que el monumento en homenaje a Emilio Prados en El Palo sirve ahora para vándalos con errada vocación grafitera. Esta ciudad es tierra de poetas, pero también de bestias.

David ganó un bote de 1,8 millones de euros con la palabra ranzón, que significa «dinero para rescate». Más que una casualidad, y a tenor de la ironía que trufa su recomendable obra literaria, el final pareció un poético ajuste de cuentas. Aunque de soslayo, la triunfal carrera televisiva de este joven malagueño ha sacado a la poesía de su habitual ostracismo por unas horas, y ese sí que era un rescate necesario. Twitter, que por la obligada concreción de sus mensajes limitados a 140 caracteres podría haber sido un hervidero de versos más o menos atinados, se ha convertido en un arma cargada de odio y no de futuro, un traicionero ecosistema virtual que cada vez está más lejos de reflejar lo que ocurre en la calle, por mucho que algunos se empeñen en hacernos creer lo contrario. Al batir de las furiosas alas del pájaro azul se escapa, por ejemplo, el club de las buenas personas que Javier Recio reivindicó en su último repaso dominical. Hay gente sin tiempo para discutir sobre las mangas de Piqué, ni con la mala leche necesaria para desear la muerte de un niño que quiere ser torero y que mañana preferirá ser astronauta o futbolista, quién sabe si con mangas cortas o largas y bajo qué bandera. Hay miles de personas ajenas a esta burbuja tuitera y abstracta que comienza a marcar peligrosamente la agenda mediática. Hace falta que esa buena gente alce su voz entre tanto ruido. Y un poco de poesía, como la de David Leo. O no habrá ranzón que nos libre de tanto bestia.