Diario Sur

LA ROTONDA

Fiado a la lluvia

El Centro Meteorológico de Aemet ha predicho que en fecha tan señalada como la de hoy se volverá a mojar el suelo sin que medie Limasa. En realidad, en la mayoría de los barrios de Málaga, la natural es la única forma de baldeo que se conoce, y no suele suceder con la frecuencia que los sufridos vecinos quisieran, sobre todo cuando el calor hace subir a las ventanas los efluvios depositados en forma de estratos históricos de roña. No pasaba algo así (si es que finalmente llega) desde hace cuatro meses largos. Hay un meme de whatsapp que salta de móvil en móvil: «Alertan a la población malagueña que si ven el sol ocultarse y una especie de líquido que cae del cielo, no deben alarmarse: se llama lluvia y es muy común en otros lugares del planeta».

La cosa tendría su gracia si pudiéramos hablar del agua con la suficiencia de quienes van sobrados, como los realmente ricos, que nunca le dan importancia al precio de las cosas. Qué bonito sería sentarse calentito en una terraza cubierta del Centro, gin&tonic bien marchado sobre la mesa, a ver el chaparrón y a los guiris corriendo con bolsas de plástico sobre la cabeza, mientras en la tertulia alguien evoca las preciosas palabras de Bob Marley: «Algunos sienten la lluvia, otros sólo se mojan». Para eso, tendríamos que tener las espaldas chorreando, valga la metáfora, y saber que las cosas se han hecho lo suficientemente bien como para que no falte nunca lo único que nunca puede faltar. «Miles de personas han sobrevivido sin amor; ninguna sin agua», dijo el poeta W. H. Auden.

No es el caso, como cabía esperar hace cuatro años, cuando empezó el enésimo ciclo de sequía que todavía perdura y que en breve obligará a decretar la alerta. En cuanto a abastecimiento estamos prácticamente igual que en la época franquista. Manda huevos que todavía le debamos el poder beber a 'Paco, el rana'. Salvo la desaladora de Marbella, obra de Gil (manda huevos al cuadrado) y lo que se obtiene de la depuración terciaria, que va a los campos de golf, para la mayoría de los municipios las fuentes siguen siendo las mismas, con una población y unas necesidades mucho mayores. Ni la conexión entre las distintas cuencas, ni la ampliación de la presa de La Concepción; ni el posible aprovechamiento de los fuertes excedentes de esta última en los años buenos (cuando desagua el equivalente a su capacidad, 60 hectómetros cúbicos); ni por supuesto la segunda desaladora (Mijas-Fuengirola) que llegó a ser adjudicada. Nada se ha hecho en este tiempo, en el que la Costa del Sol ha seguido creciendo como destino turístico mundial, a la vez que los subtropicales han despegado como nueva potencia económica.

Es de una irresponsabilidad obscena que dos de los principales valores de nuestra economía productiva, el turismo y la agricultura, estén todavía hoy fiados al capricho divino de la lluvia.