Diario Sur

FUERA DE PISTA

Rosberg, lanzado

El Mundial de Fórmula 1 recala en Japón, y con él uno de los trazados míticos del campeonato, Suzuka. La pista propiedad de Honda encadena una sucesión de curvas de alta velocidad muy estrechas, con pocas escapatorias y con los muros a menos de dos metros de los límites de la pista, lo que hace que sean muy difícil los adelantamientos, pero, aun así y todo, es un circuito que gusta a todos los pilotos, pues es de los pocos trazados que van quedando de la antigua usanza.

La carrera, sin embargo, tuvo algunos detalles que comentar. Uno, la salida, donde Hamilton volvía a cometer un error, que le pone el campeonato verdaderamente cuesta arriba. Al llegar a la primera curva era solamente octavo, y desde ahí logró recuperar gracias a la superioridad de su Mercedes y a la estrategia de su equipo hasta el tercer escalón del pódium, un premio escaso si tenemos en cuenta la nueva victoria de Rosberg, y van nueve, que de paso da el tercer título consecutivo de Constructores a la marca alemana.

Dos, la lucha que el propio Hamilton mantuvo durante las vueltas finales con el Red Bull de Max Verstapen, y que el holandés, que acaba de cumplir 19 años, ganó de forma espectacular, acallando definitivamente todas las voces que tenía en su contra por su agresivo estilo de pilotaje, y no dejando a nadie con la duda de que estamos ante una auténtica estrella.

Verstapen, no lo duden, ganará el Mundial de Fórmula 1 más tarde o temprano, lo hará con la nueva reglamentación a los mandos de un Red Bull o quién sabe si a los mandos de un Ferrari o un Mercedes, pero lo ganará y posiblemente me atrevería a decir que más de uno. Tiene la frescura de la edad mezclado con el talento natural y es el tipo de piloto de los que la Fórmula 1 necesita una docena.

Tres, el resurgir de Ferrari. Los italianos están inmersos en una completa renovación de su estructura con todos los inconvenientes que eso representa durante una temporada. La prensa italiana, además, para enrarecer más el ambiente, no deja de airear los problemas que la escuadra italiana tiene en la actualidad, sin un líder que los dirija, y solamente amparados en su piloto estrella, Sebastian Vettel, que en esta ocasión, liberado de tensiones, cuajó una muy buena carrera, perdiendo un muy posible pódium por otro error garrafal de su equipo, que pecó nuevamente de cicatería.

Cuatro, el desastre de McLaren en la carrera de casa. El motor japonés no es un portento, le falta potencia y también fiabilidad, pero el chasis inglés tampoco es una maravilla, no tiene la facilidad de adaptarse a diferentes trazados. Le cuesta conservar los neumáticos, y eso hoy en día con un Mundial tan largo es un pecado difícil de remediar, aún teniendo a uno de los mejores pilotos en nómina. McLaren tiene la fama de fabricar grandes chasis, y si no es así de inicio, por lo menos evolucionarlos durante la temporada, pero este año ni eso parece posible y, o mucho mejoran en los cuatro Gran Premios que quedan, o volverán a tener un año nuevamente para olvidar. Hasta EEUU.