Diario Sur

GUADALQUIVIRIA

Redes y sectarios

LA primera mujer directora de 'The Guardian', Katherine Viner, cuestionaba en un artículo este verano sobre cómo las redes sociales se comen las noticias y las opiniones vertidas a través de ellas sustituyen a los hechos. La descarada falta de respeto por los hechos, afirma. Cómo la obsesión por el clic deja atrás la verdad de los acontecimientos. Y cómo la mentira se cuela con más seguidores a medida que a estos les conviene aceptarla como verdad aunque no lo sea.

Viner pone varios ejemplos, como el bulo que corrió en las redes con millones de clic sobre David Cameron del que se decía que cometió en sus años jóvenes una obscenidad con la cabeza de un cerdo muerto. Nadie lo demostró, pero daba igual.

Aquí en España cada día hay numerosos ejemplos. Ayer mismo, el de Gerard Piqué. Entiendo su enfado y que diga adiós a la selección española, aunque como muchos considere que es una injusticia no solo para él, sino para la Roja a la que le ha dado tanto siendo como es uno de los mejores centrales del fútbol mundial.

Y todo por el bulo sobre una camiseta que ha corrido por redes y medios sin que nadie se molestara en contrastarlo: «Piqué corta la bandera de España de la camiseta». Daba igual que el jugador blaugrana, internacional con España desde los 16 años, protagonista de la etapa más brillante de la selección, hubiera dado todo de sí para que el equipo nacional ganara ante Albania y se colocara como cabeza de grupo para el mundial de Rusia. Había que machacarlo por lo de la banderita, aunque no cortó ninguna bandera porque las mangas de la camiseta no las tenía. No dejes que la vedad estropee un titular. Y mucho menos un 'tuit', un 'me gusta' o 'comparto'.

Piqué ha sido víctima del sectarismo soez y mezquino que inunda las redes sociales y que ha agotado la paciencia del padre de Milan, un niño que cada partido viste el traje de la selección. Piqué se ha declarado a favor del referéndum de autodeterminación de Cataluña. En definitiva, Piqué ha expresado una opinión política de forma libre con todo su derecho. Pecado mortal para la caterva de fanáticos españolistas. Tan fanáticos y sectarios como los antitaurinos que han deseado a Adrián, un niño de ocho años enfermo de cáncer, que se muera por dar rienda suelta a su sueño de ser torero. «Que se muera, que se muera ya...», escribía alguien con maldad sin paliativos.

Como muchos de los que nos hemos conmovido con los muletazos de Adrián a su destino y los pases de Piqué a la gloria de la Roja, no soy taurina y tampoco quiero que Cataluña salga de España. Pero déjenme que me enerve por esa descarada falta de respeto por los hechos.