Diario Sur

CALLE ANCHA

GAUDEAMOS IGITUR

QUÉ difícil resulta todo en Marbella. Sería fácil dejarse llevar por el sentimiento de que alguna mano negra se encarga de confabular contra la ciudad; menos mal que somos bastante racionales y no creemos en fantasmas (ni en el del Cortijo de Miraflores); sí estamos convencidos de la pertinaz falta de entendimiento entre administraciones públicas entre sí y de estas con otros organismos e instituciones. El asunto queda agravado cuando el dinero se encuentra en medio o acaso habría que decir que siempre el desencuentro es por una motivación económica. Ha pasado mucho tiempo desde que el primer marbellense del que se tenga noticias, don Rafael Benítez, alcanzase una licenciatura universitaria y además llegase a alcanzar el grado de doctor y catedrático, siendo un teórico de la Literatura de gran prestigio en España y América. A pesar del periodo transcurrido las infraestructuras universitarias en la ciudad siempre han brillado por la inexistencia hasta hace muy pocos años, cuando el Aula de la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) se transformó en ubicación para exámenes semestrales y tutorial para carreras completas, dejando atrás la etapa en que solamente se impartía el curso de acceso para mayores de veinticinco años y con examen en Málaga. Contó además esta nueva andadura con un lugar de privilegio como es el Hospital Real de la Misericordia (mal llamado 'Hospitalillo'). Todo parecía marchar plácidamente hasta que surgieron los retrasos en los pagos (no olvidemos que el Consorcio de la Universidad no aportaba ninguna cantidad); en ello no estuvo ausente la Ley de Estabilidad Presupuestaria que dificulta que un Ayuntamiento no pueda hacer frente a pagos en materia cuyas competencias no le son propias. Esta ley es lo más próximo a no comer ni dejar que los demás lo hagan. Aparecen reparos por parte del interventor municipal a la hora de hacer efectivos los pagos y de ahí al desencuentro más radical entre Ayuntamiento y UNED no había más que un paso; trecho que, tras unos meses de incertidumbre, concluyó la pasada semana con la ruptura de las negociaciones, sin que se haya suscrito ningún tipo de acuerdo, al menos en el momento en que escribo. Ahora estamos en el periodo arrojadizo, es decir, dilucidar quien la tiene más grande (la culpa quiero decir), si el Ayuntamiento o la UNED; unos se saltan los reparos y acusan de deslealtad; desde la universidad se habla de incumplimiento por parte del Ayuntamiento. Mientras tanto el patio sin barrer y los estudiantes, como pelotas de tenis, de un lado para otro y lesionados en sus derechos, adquiridos a lo largo de años, ninguneados e infravalorados en un cometido tan meritorio como es estudiar en una universidad con tanto rigor académico y dureza como es la UNED (y no es que me lo hayan contado). Según me comentaba el pasado verano el Delegado de Cultura y Enseñanza, Rafael Piña, entre las condiciones con las que se especulaba para suscribir un nuevo convenio, la UNED ponía la cesión en propiedad del Hospital de San Juan de Dios; sorprendente y casi increíble. Llegados al punto actual, cuando el daño ya está hecho, quizás habría que agarrar la res por las astas y vindicar definitivamente un Centro Asociado para Marbella. Lejos de consideraciones administrativas, solamente desde una percepción de ciudadano pagador de impuestos (único momento en que nadie nos ignora, todo lo contrario), por qué puede contar Algeciras con uno (con aula en San Roque) y no Marbella. Este sería el momento de la unanimidad. Ante algo tan importante para la ciudad se hace necesario un planteamiento unánime en el pleno, donde equipo de gobierno y oposición reclamen con una sola voz, desde el concejal de limpieza (el cargo más desagradecido) hasta la lideresa de la oposición, que además tiene voz de senadora. Después, todos en buena armonía, pueden ir a tomar un aperitivo. ¿O a ese punto ya han llegado?