Diario Sur

INTRUSO DEL NORTE

La medallita de Chiquito

Aquellos años. Hace ya muchos. Fue el último fenómeno sociológico en un país que se reúne para pocas cosas, quizá para lo que importa: el humor y el gol de Iniesta. Hay nostalgia aún de las noches que salía. Era nuestra noche, y se paraba cualquier tarea; no existían problemas ni penas la noche de la semana en que actuaba Chiquito. Fue una de las apuestas más fuertes que se han hecho en el medio. Y acertaron. Acertaron de pleno. Se paraba el tiempo cada vez que le entraba el resorte, el saltito, y la camisa de flores contaba el vivir desde el 'fistro' al 'diodeno'. Desde que hay memoria, la televisión tuvo sus hitos y sus cosas, pero nunca había aparecido Chiquito de la Calzada. Y Chiquito, nuestro Chiquito, le metió a este oficio de la televisión algo tan evanescente y tan volátil como es el sello. La excusa era el humor, los chistes, pero Chiquito de la Calzada estaba haciendo algo más; creando una neolengua: llevando la televisión a cimas aún no alcanzadas. Algo distinto.

Hará pues varias décadas de su momento. Las monjas nos castigaban si lo imitábamos. Invitaban a leer un versículo de Lucas, y entonces ya teníamos el show completo: 'Lucarrrrl, 22. 14'. Era Chiquito frente al televisor y frente a nuestra conciencia. Hará, ya digo, casi 20 años. O más. Pero aquí está de nuevo España preguntándose a sí misma por Chiquito. Memoria.

Fue Bertín Osborne el encargado de la encerrona aquella en su programa. Bertín Osborne ajusta cuentas con un país, España, al que pone firme cuando ve que el sentido común hace tiempo que se perdió. Pasó Paz Padilla el día de la encerrona a Chiquito de la Calzada. Cocinaron algo y pidieron la medalla. Y Paz Padilla quiso sacarle a Gregorio, a nuestro Chiquito, las lágrimas. Vimos que la gaditana no tiene grandeza y guisa vísceras.

En el programa de Bertín Osborne -este Soler Serrano de los tiempos contemporáneos- hay una máxima: que la felicidad sea la llave que abre mundos y abre almas. Y ahí estuvo Chiquito. Bien. Anecdótico, melancólico, con una nobleza en la viudedad de la que hay que tomar cuenta. Y de repente el milagro, el mensaje, la idea: la medalla de la Junta de Andalucía para Chiquito de la Calzada.

La medalla de Andalucía. Para Chiquito. Que su tierra lo reconozca más allá de copiarle el baile y las expresiones. La medalla de la Junta de Andalucía para Chiquito de la Calzada que van pidiendo los taxistas de Madrid y los teósofos de Cádiz cuando atardece. El barrio de la Trinidad en pleno, que tiene en Chiquito al mejor embajador. Málaga es Chiquito y Chiquito es Málaga. Una forma de vida. La tragedia y la grandeza del flamenco, de un notable de nuestra ciudad por el que hay que apostar.

Bertín Osborne le dejó nítido el recado a Susana Díaz. La medalla de oro de la Junta de Andalucía para Chiquito de la Calzada. Ahora. Ya. Que entre AVES y gestoras tenga tiempo Susana para hacer justicia histórica. La medalla a Chiquito antes de que anochezca.