Diario Sur

carta del director

El combate del PSOE

Ríanse de ‘Juego de Tronos’ comparado con lo que se está viviendo en la trastienda del PSOE después de lo ocurrido en el Comité Federal de la semana pasada. Como si de una batalla fraticida se tratase, las diferentes facciones socialistas se curan las heridas con la sensación de que necesitan tiempo para recomponerse. El PSOE es hoy un ejército desguarnecido, desnortado, sin un liderazgo claro. A merced, como si del Séptimo de Caballería se tratase, de un definitivo ataque, imprevisto o inesperado. Y esa urgencia de calma no sólo está interiorizada en las filas socialistas, sino en las del propio PP, consciente de que, en el fondo, necesita al PSOE como muro de contención de la izquierda más populista.

Susana Díaz dio un paso al frente y derrotó a Pedro Sánchez a los puntos, en un combate en el que el intercambio de golpes dejó noqueados a ambos líderes. Es cierto que Pedro Sánchez salió como perdedor, pero la presidenta de la Junta también sufrió un desgaste cuyo impacto y trascendencia están aún por ver. Ahora su entorno trata de simular fortaleza, pero tras las frases hechas, siempre optimistas, se intuye la desazón del que se siente maltrecho. Sus enemigos y los habituales prejuicios del norte contra el sur quieren acentuar su imagen de política sin piedad, calculadora y especialista en enredar y en fulminar a quienes se crucen por su camino. Eso puede ser muy malo para su futuro, pero también puede ser bueno si se gestiona con precisión para reconvertirlo en el perfil de una líder con autoridad y determinación. Susana Díaz y su amplio equipo creen que el tiempo lo cura todo y que el electorado tiene memoria de pez en estos asuntos, pero la realidad es que ha sido tan evidente el despliegue de medios soterrados para derribar a Sánchez que ahora les aguarda un camino complejo para recomponer su imagen.

Susana Díaz se ha retirado a sus cuarteles, pero nadie duda de que volverá a primera línea nacional para intentar el asalto al poder. Ella, la presidenta, es hábil en el cuerpo a cuerpo, pero ha terminado tan quemada que necesita no sólo restablecer su imagen, sino recomponer un partido en Andalucía que, además, se enfrenta al desgaste propio de más de treinta años de Gobierno y al acoso del centro derecha. Da la sensación de que las circunstancias obligan a Susana Díaz a correr más deprisa de lo que puede. Y por ello siempre parece que los tiempos no le acompañan, como si constantemente pasaran trenes que deseara coger pero a los que no puede subirse.

Hay que reconocerle a Susana Díaz, no obstante, el mérito de acabar por ahora con la carrera suicida de Pedro Sánchez, que quería llevar al esperpento aquella aseveración de Zapatero cuando dijo que cualquiera en este país podía llegar a ser Presidente del Gobierno. Efectivamente, Sánchez estaba convencido de ello y estaba dispuesto a lograrlo costase lo que costase. Y, además, con la sospecha de intereses ocultos por desvelar. E incógnitas por resolver como el apoyo calculado de Borrell, ese político especializado en entrar y salir por puertas giratorias y que hizo una aparición oportuna en el Comité Federal. Y no se sabe si oportunista.

En este compás de espera sólo cabe esperar que el PSOE no persevere en su autodestrucción y, aunque sea por ganar tiempo para su regeneración, facilite un Gobierno que acabe, aunque sea por poco tiempo, con estos delirios y esperpentos.