Diario Sur

LA TRIBUNA

¿Qué (no) pasa en el PSOE?

Lo que ha sucedido (o está sucediendo) en el PSOE tiene explicaciones diversas. Sin duda, se trata de una cruda lucha por el poder interno en el partido, que pone de manifiesto los interesantes problemas de convivencia entre formas 'participativas' de democracia directa (primarias, consultas a la militancia.) y estructuras orgánicas representativas de base territorial. Pero esta lucha podría expresar al menos tres distintos debates: uno ha sido reconocido; otro ha estado implícito; y un tercero, lamentablemente, no está ni se le espera.

1. El debate al que asistimos de modo expreso es el de la posición del PSOE respecto de la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. La discusión entre el no («no es no») y la abstención (sea entusiasta, vergonzante, técnica o responsable) ha monopolizado las últimas semanas de debate público en el PSOE, tras una cuando menos curiosa ausencia tras los resultados inmediatos del 26-J. Diversos artículos, y especialmente uno de José Borrell, nos han explicado con claridad cuáles eran los términos del debate en su momento (abstención a cambio de negociación de políticas o abstención 'responsable' desde la oposición rotunda) y cómo se han reducido ahora a la mera abstención asumida en las condiciones que el PP tenga a bien proponer.

2. Pero los efectos, condiciones y alternativas de la abstención han estado lejos del debate político socialista antes de la fase final de la crisis. Durante esas semanas la discusión se centró en otro aspecto, implícito ahora en el desenlace final: ¿con quién puede entenderse el PSOE? O, más claramente, ¿qué actitud toma el PSOE con Podemos? Dejando de lado la cuestión de que ésa es necesariamente una decisión compartida con aquél que reciba sus proposiciones, el PSOE se ha escindido entre ensayar el acercamiento a Podemos y a (algunos) partidos independentistas catalanes en búsqueda de una mayoría alternativa o alejarse de esas fuerzas en busca de un refuerzo de la estabilidad y la centralidad, cuando no de la visceral reacción; y siempre de la mano del cálculo electoral de los efectos de tal acercamiento y sus consecuencias sobre la unidad interna.

El PSOE necesita obviamente aclarar su relación con posibles parejas de baile. Debe decidir si Podemos es el enemigo a batir en la lucha por el voto de izquierdas o el compañero de viaje en la reformulación de esa misma izquierda. Y si debe tratarse como una (lamentable) coyuntura que se diluirá o como una realidad estable que condicionará la formación de mayorías en el futuro. Esta segunda concepción exige abrir la puerta a la colaboración, en sí misma y como elemento clave para poder negociar con cierto margen con fuerzas como Ciudadanos o, incluso, el PP. Debe también valorar si el independentismo (más o menos innegociable) es una lacra que distorsiona cualquier diálogo político y, en consecuencia, lo impide; o si es una posición política que permite negociar otras cuestiones e incluso proponer alternativas que retornen ciudadanos catalanes a la voluntad de ser españoles.

3. En nada, en cambio, se ha vinculado el debate vivido con aspectos de fondo como las políticas frente a la crisis, el modelo fiscal, educativo o de políticas sociales o productivas ni sobre los derechos de los ciudadanos o el papel y los límites (ya innegables) del Estado. Para qué hablar de propuestas orientadas a las instituciones europeas donde, parecemos olvidarlo, España tiene voz y voto; y donde retos que superan la capacidad de acción del Estado pueden abordarse. El silencio sepulcral sobre estas cuestiones (que bondadosamente se presumen ocultas tras el debate entre abstención y gobierno alternativo) sólo se rompió con el interesante proceso de discusión con Ciudadanos, asumido por los expertos del Partido más que por sus líderes políticos. Luego, la nada. El contraste con lo sucedido en el laborismo británico o en las primarias demócratas en Estados Unidos es lacerante.

La victoria de los 'críticos' y la consecuente Comisión gestora deben ahora decidir sobre los pasos a seguir. Gestora, Comité federal y Grupo parlamentario tomarán las opciones que crean adecuadas (dentro de sus posibilidades) sobre la investidura de Mariano Rajoy y valorarán una vez más sus efectos electorales e internos en el Partido. Y cuando haya Gobierno, tras la abstención o las terceras elecciones, el PSOE abordará de nuevo la elección de nueva dirección, que sin duda se planteará la política de oposición y las relaciones con el resto de partidos. Quienes nos hemos sentido próximos al PSOE porque sus inquietudes y propuestas eran las que más se acercaban a nuestras opciones políticas tememos que, de nuevo, lo que menos va a importar en ese proceso son los aspectos de fondo; unos aspectos que, en cambio, quizás pudieran ilusionar a los ciudadanos y ofrecer asideros más seguros en futuras decisiones de alianzas o investiduras.