Diario Sur

CITA EN EL SUR

Matar al padre

Se ha celebrado estos días el Congreso Jurídico de la Abogacía, que ha sido inaugurado por el presidente del gobierno en funciones, Rajoy Brey, quien podría dejar pronto de estar en funciones. Rajoy ha aprovechado su estancia en Málaga para afirmar que el PP no impondrá condiciones al PSOE para la abstención, como habían afirmado Hernando y Cospedal. Mientras Rajoy hablaba, Puijdemont parlava. Puigdemont Casamajó ha presentado un nuevo calendario para la independencia de Cataluña. Mientras Puigdemont parlava, Pablo Iglesias enmendaba la plana a Errejón, pues andan calentando motores de cara al próximo desencuentro. Como yo soy tonto, me consuela comprobar que en todas partes cuecen habas. En pleno pleno del Parlamento Europeo, en Estrasburgo, le han partido la cara a Woolfe, que es casi lobo. El británico Woolfe se postula para dirigir el nacionalista UKIP (Partido por la Independencia de Reino Unido) después de que la anterior presidenta, Diana James, haya dimitido tras dieciséis largos días al frente del partido, harta de que nadie le hiciera caso. Por lo visto, Woolfe discutió con un compañero de partido y este se tragó la flema británica y lo tumbó de un gancho. Curiosamente el del gancho se llama Hookem ('hook' significa gancho). La foto de Woolfe tumbado boca abajo en el suelo es impresionante, la viñeta de un cómic hiperrealista.

Todo esto coincide con el inicio de la berrea, cuando los machos de la manada, tras marcar su territorio, comienzan con los roces que culminarán en enfrentamiento a campo abierto. Cuando pase la berrea, los ciervos que queden vivos tras el también inicio de la temporada de caza, perderán totalmente la cornamenta, aunque en pocos meses la tendrán más grande, como buenos machos.

En el Congreso de la Abogacía inaugurado por Rajoy, ha presentado una ponencia Javier Urra, que no es abogado. Urra es psicólogo forense de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y en los Juzgados de Menores de Madrid. Su tarjeta de visita debe de ser tamaño cartulina. Javier Urra dio unos datos espeluznantes: el 13% de los adolescentes españoles admite haber agredido físicamente a su padre o a su madre. Si hablamos de agresiones emocionales, el porcentaje sube mucho. Es como cuando Felipe González se sintió engañado por su hijo putativo, Pedro Sánchez, por, según González, haberle mentido. Felipe González dijo que no se creía Dios y se saltó el secreto de confesión, contando que Pedro Sánchez le había prometido abstenerse, papá. Freud definía el proceso en el que uno se desvincula de la tutela paterna como matar a padre. Ahora ha comentado Alberto Garzón, que casi se queda sin portavocía (Pedro Iglesias casi mata al hermano, o al primo), que Pedro Sánchez tenía ultimado un pacto de gobierno con Podemos y con los nacionalistas catalanes. Los críticos han respirado aliviados, al sentir justificado su asalto a los cielos, aunque para otros esto convierte a Sánchez en auténtico mártir, pues estaba a punto de acabar con la presidencia en funciones de Rajoy Brey. Los críticos pensaban que Sánchez iba a matar a la madre patria. Los otros, que Rajoy. Con ayuda de Puigdemont Casamajó.