Diario Sur

En un atasco de Pistarini

Me bajo en Buenos Aires, después de quince horas y media de avión. Dos a París, trece y media hasta Pistarini. Me recoge el conductor, Alejandro, quien me informa de que, al ser viernes y estar lloviendo, podemos contar al menos con una hora y media de trayecto hasta el hotel Facón Grande, en el barrio de Montserrat, a un paso de la Plaza de Mayo. Me hace una ilusión tremenda pasar otros noventa minutos en un artefacto metálico, después de los novecientos que me ha costado llegar hasta aquí, pero no se puede hacer nada, así que charlo con Alejandro sobre la situación del país, que eso siempre anima. ¿Conoce usted algún conductor o taxista al que no le guste hablar de política?

Alejandro, un tipo agradable y tranquilo, no tarda en informarme de los 'ajustes' de Macri. 'Ajustes' es como llaman aquí a los recortes, solo que estos son autoimpuestos. Aquí no hay que obedecer a Merkel, sino a la propia tesorería. Que estaba bajo mínimos. «Antes nosotros pagábamos 4 euros de gas cada dos meses, en un piso normal de dos habitaciones. La luz nos costaba unos diez cada dos meses. Todo estaba subvencionado por el Estado. Cuando Macri subió al poder en diciembre, eso se terminó. No solo eliminó las subvenciones, sino que subió las tarifas un 400%, con lo que ahora hemos pasado a pagar 70 euros al mes, 140 por recibo. Imagina el impacto en una economía en la que el salario base es de 800 euros en Buenos Aires, el promedio es de 1.000, el alquiler de un estudio es de 500 euros, unos vaqueros en Zara cuestan 60 euros y un café espresso te vale 3 euros». Cuenta Alejandro que todo se ha parado. Que el populismo desbocado de los Kirchner ha dado paso a una mano de hierro liberal, «en el que el Estado deja de ejercer el papel de padre de los ciudadanos. Ya no hay subsidios que dejen a las personas viviendo cómodamente de ellos sin trabajar». El resultado aún está por verse, es demasiado pronto, pero no viene al caso. Lo que me sorprende, y Alejandro me lo cuenta justo mientras pasamos frente a la Casa Rosada, es que Macri pidió consejo a unos asesores españoles de un conocido partido. Elpartido les dejo a ustedes que lo adivinen, pero el consejo que le dieron valía su peso en oro. Los españoles le dijeron a Macri que si quería aplicar medidas duras, las más asfixiantes de ellas tenía que implantarlas en los primeros meses de mandato. Cualquiera que haya leído el Conde Lucanor sabe de lo que hablo... el perro se mata en la noche de bodas o no se mata. Y con la política lo mismo. Es con el idilio del primer amor aún flotando en los ojos del electorado cuando hay que darle el palo, en la cabeza o en las libertades.