Diario Sur

LA ROTONDA

Basura

El corazón desgarrado a jirones por un acto que bordea la paranoia. De ese corazón lastimado brota dolor a borbotones por herir tantas sensibilidades. E incomprensión. Y malestar, mucho malestar entre una afición que cada día comprende menos determinados actos del Unicaja. Desprenderse de parte de tu patrimonio no tiene excusa, ni perdón. Apelar al sentimiento es una manera muy manida que ha tenido el Unicaja de reclamar el apoyo de su gente. Y esta responde de sobra bajo la denominación de amor a unos colores. Pero el Unicaja ha traicionado lo más sagrado que tiene, su patrimonio, del que vive para combatir el presente, que desde luego no es muy esperanzador, y al que mira para construir el futuro, que con hechos así se ve muy negro. Depositar en un contenedor los recuerdos, por escaso valor que tengan que se le otorgue, es tirar a la basura parte de ti mismo. Como si las hazañas se midieran como la falsa moneda.

La vida es memoria y la historia suele tener alma, que es la posteridad. Este Unicaja barrunta sufrimientos a ramalazos por la forma que tiene de hacer ciertas cosas. No siempre fue así, pero ahora se miran en otro espejo que no refleja cuestiones sentimentales. Craso error. Este Unicaja que parece no tener rumbo fijo, este Unicaja que cambia jugadores a raudales, que remodela plantillas de forma profusa, que pierde identificación con la sociedad que le llevó en volandas hasta la comunión total, no es el Unicaja de antaño, el que mimaba hasta el último detalle. El Unicaja camina a la par que el baloncesto por la senda de la confusión. Este Unicaja que se vio apoyado no solo por toda la ciudad sino por parte de Andalucía ya no concita tanta atención por sus propios errores, como el cometido el pasado martes cuando padres y alumnos se encontraron tirados en un contenedor trofeos antiguos, directos al desguace. Fue un 'crochet' que dejó noqueados a los seguidores. Como si una placa en forma de distinción o una copa aunque sea ganada en un partido amistoso no merecieran su lugar en una vitrina en la sede donde la cantera siembra emoción y felicidad para años venideros. La imagen de ese contenedor junto a Los Guindos permanecerá indeleble en la mente de muchos aficionados como otro pasaje más del terror que estamos viviendo estos últimos años deportivamente hablando, incluyendo el comunicado emitido por el club cuando SUR publicó la noticia. «Son placas y copas de torneos amistosos que se encontraban muy deterioradas», se excusa el Unicaja, sin percatarse de que es otro error reconocer que no era una vitrina la que exponía sus éxitos, sino un almacén en el que el polvo y el olvido se apoderaban de ellos. Para el Unicaja, no eran trofeos, era basura.