Diario Sur

EL EXTRANJERO

Málaga Ahora, y siempre

Mientras sus compañeros de Madrid tenían una misión titánica, asaltar los cielos, ellos llegaron al Ayuntamiento de Málaga con una tarea algo más modesta. Depurar esa casa de mafiosos. Un desafío menos atlético pero igual de comprometido. La portavoz de la coalición lanzó un discurso inaugural más propio de la Convención revolucionaria que de un país occidental con una democracia más o menos decente. «Les acusamos. Les señalamos. Les juzgamos. Y el veredicto es uno: culpables», dijo la señora Torralbo refiriéndose al alcalde y al PP. Ha pasado poco más de un año de aquel discurso de Pradial -¿o era ya Mesidor?- y los representantes de la coalición de izquierdas están aclimatados a las dependencias municipales y a los usos y costumbres de esos personajes de la casta que tanta repulsión parecían causarles.

Con un grupo de cuatro concejales no han tenido muchas posibilidades de marcar una impronta notable. La realidad es un territorio árido, empeñado tercamente en pinchar los globos de la ilusión. Han estado detrás de medidas progresistas y de otras más o menos estrafalarias. Han defendido, sí, el uso del femenino genérico como norma a pesar de que hasta ahora el grupo estaba compuesto por tres mujeres y un hombre. No lo hacían simplemente por dinamitar el uso de la grámatica, sino por un afán naif de justicia y con el fin de paliar las desigualdades sufridas por las mujeres a lo largo de la Historia. Y en el tiempo libre, aprendiendo las artes de los de la casta, se han dedicado a despellejarse vivos. Entre ellos. Por poca cosa. Cuestión de poder, de presión y lucha interna de los grupos que representaban. Es decir, por lo mismo que en el PSOE han sacado los cachicuernos. Y además por asuntos de financiación.

El cisma ya es efectivo. Juan José Espinosa, posible candidato a las primarias locales de Podemos, ha roto amarras y ha dejado atrás a unas compañeras cada vez más alejadas de Podemos y cada vez más orientadas al municipalismo puro. Pero Espinosa, Torralba y compañía no son ninguna excepción sino un síntoma más. Por mucho que el escándalo del PSOE haya dejado su conflicto en segundo plano, Podemos y sus fuerzas afines no viven un periodo dulce precisamente. Antes de la implosión del partido socialista, las desavenencias entre Iglesias y Errejón ocupaban la primera plana de la actualidad. Y en eso siguen. Ni siquiera el marasmo de Ferraz -la gran golosina del sorpasso- va a servir para aunar criterios. Teresa Rodríguez no para de manosear el hacha de guerra, los defenestrados por Iglesias se emboscan, las comunidades autónomas andan revueltas y en muchos ayuntamientos, ya lo estamos viendo, cunde el desencuentro. El errático Iglesias, antes de lo de la cal viva, se definió como el nuevo Felipe González. Bien, pues ya tiene su Guerra. Y sus batallas. Nada nuevo bajo el sol. En cuanto al cisma del grupo municipal, la única incógnita estriba en saber si el concejal Espinosa seguirá hablando de sí mismo en femenino.