Diario Sur

GOLPE DE DADOS

Colombia, la flor pisoteada

Cada vez que sucede algo fuera de nuestras fronteras procuro charlar un rato con un nativo procedente del país que es noticia. Lo hago para que me ofrezca su versión de los hechos, porque tengo la convicción de que podemos enterarnos de 'cosas propias', que es como decir en lo privado, de 'cosas íntimas', que a nosotros ni se nos pasa por nuestras testas mareadas por las corrientes de los medios, en vaivén eterno. En la mayoría de las ocasiones tengo éxito pero esta vez mi amiga Felisa, nacida en Cartagena de Indias pero residente desde hace dos décadas en Estepona, no pudo atenderme telefónicamente, en cambio, lo hizo su marido Rubén que me informó que su 'Feli' se encontraba desde hacía tres semanas en su amada Colombia, que había regresado a Cartagena a visitar a su mamita y a su familia, a los que no veía desde hacía años, y de paso también para celebrar 'el plebiscito de la paz'; «imagínate Alfredo -me dijo un Rubén balbuciente- el disgusto que tendrá mi mujer después del fracaso del sí»; no supe qué contestar y él se adelantó: «¿sabes cómo le llaman en Colombia al proceso de paz?», «No», «Le llaman la flor pisoteada», «no me extraña», acerté a responder, y de inmediato me vino a la cabeza aquella nación 'realista y mágica', cuna de escritores de la talla de Mutis o García Márquez. Una nación ornada de una exuberante geografía física, y humana, y de un patrimonio cultural apabullante; sin ir más lejos, allí se alza el abrigado puerto de Cartagena de Indias, rompimiento de gloria de la corona hispana tanto austriaca como borbónica. Pensándolo bien no ha sido una flor, sino un paraíso, el que se acaba de pisotear.

'La flor pisoteada'; así se tituló en castellano la excéntrica novela 'The flower beneath the foot' del británico, no menos excéntrico, Ronald Firbank, y que nada que ver con la crisis colombiana, o puestos a relacionar sí, porque narra la historia de una monarquía muy republicana del Caribe, con una reina sentimental rodeada de intrigantes que siempre le dan la negativa por respuesta. Por aquello de coser y citar -perdonen, no puedo evitarlo-, el autor de 'L'Espoir', André Malraux, sucesivamente pirata, terrorista, comunista y ministro, le aconsejó a su ídolo, el general De Gaulle, que no convocara el referéndum del 69, y cuando lo perdió, le lanzó un único veneno verbal después de más de treinta años de fidelidad: «Mi general, un verdadero demócrata no pregunta tanto»; dirán, qué lío, Firbank y Malraux en la misma coctelera para explicar la negación inexplicable de los colombianos a la paz, tras sesenta años de guerra. No olvidemos que Colombia es el país latinoamericano cuya formación ha sido la más tortuosa desde su nacimiento como nación independiente hasta hoy. No en vano, Simón Bolívar, que presidió la Gran Colombia, escribió decepcionado: «He arado en el mar y he sembrado en el viento, resulta del todo imposible pacificar estas tierras»; y como guinda explicativa del origen sangriento de un conflicto que se hunde en el tiempo lean 'Las lanzas coloradas', cuento cumbre de Arturo Uslar Pietri.