Diario Sur

El pastel europeo

La provincia de Málaga recibirá 40 millones de euros procedentes de fondos europeos para obras y proyectos sostenibles, aunque algunos municipios como Marbella, Torremolinos, Benalmádena o Fuengirola no probarán ni las migajas del pastel cocinado en Bruselas. La Costa del Sol, que podría ser escenario e incluso título de una serie de televisión sobre narcotraficantes en Telecinco, esconde bajo sus excelentes cifras de ocupación hotelera pequeños desastres urbanísticos y estéticos, imágenes que parecen anticipar la decadencia que sacudirá el destino para despertarlo de su sueño turístico cuando la inestabilidad de los competidores directos desaparezca y la burbuja de pernoctaciones y datos positivos explote como un globo entre agujas. Las deudas millonarias de la mayoría de ayuntamientos costeros imposibilitan la puesta en marcha de proyectos necesarios, una situación que deja su futuro al arbitrio de las ayudas supramunicipales. O no. La urgente modernización del centro de Torremolinos o la regeneración de los barrios periféricos de Fuengirola son algunas de las actuaciones que la falta de financiación europea deja en el aire, pero existen alternativas menos costosas.

Casi todos los equipos de gobierno de la Costa del Sol han redactado, con dispar originalidad y en muchos casos a rebufo de Málaga capital, estrategias de desarrollo urbano sostenible en los últimos meses, conscientes de que Europa castiga el cemento y premia los proyectos que respetan y potencian el entorno natural y las zonas verdes conquistadas por los peatones. El problema no reside únicamente en la falta de reclamos más allá del sol y el mar que padecen estos municipios asfixiados por un desarrollismo que hace años funcionó como salvavidas y ahora ejerce de yugo, sino en el encorsetamiento de sus iniciativas, que en ocasiones parecen calcadas a los modelos de otras ciudades sin tener en cuenta las peculiaridades locales. Pocos errores resultan tan flagrantes en la gestión municipal como la megalomanía, que suele ser proporcional a la ambición política de alcaldes y concejales. La falta de inversiones millonarias requiere imaginación, y los municipios que no recibirán fondos europeos tienen ante sí el reto de capear el temporal a base de talento y buenas ideas. No es más ni menos que lo que han hecho miles de pequeñas y medianas empresas durante estos años de crisis. De nada sirve ahora el estancamiento bajo pretextos económicos. La Costa del Sol necesita revulsivos, con o sin presupuesto. De lo contrario, una serie sobre narcotráfico será el menor de sus males.