Diario Sur

LA ROTONDA

La soledad del alzhéimer

El alzhéimer mata los recuerdos y sume a los enfermos en un mundo sin memoria. Esa demencia, la más frecuente que existe, crece de forma imparable unida al envejecimiento de la población, aunque se manifiesta también en personas de mediana edad. Los investigadores se esfuerzan por encontrar un tratamiento efectivo para vencer el efecto devastador de ese trastorno neurodegenerativo. De momento, pese a que se han producido avances y que la unión de terapias farmacológicas y no farmacológicas, permiten retrasar el padecimiento en sus fases iniciales, no hay un medicamento que cure el alzhéimer. La ausencia de una alternativa sanadora hace que sea fundamental diagnosticar la demencia de forma precoz, ya que es la única manera de que los pacientes tengan la oportunidad de recibir a tiempo una atención que al menos mitigue el desarrollo de un mal cuyo final es inexorable. Los enfermos son atacados por un enemigo que los destruye, con mayor o menor rapidez, convirtiéndolos en una sombra de lo que fueron. La irreversibilidad de la demencia se ve acentuada por la falta de recursos para hacer la vida lo más agradable posible a los pacientes y para conceder un respiro a sus familias. Y siendo malo lo actual, lo peor está por venir. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta del crecimiento ineluctable de casos. Se prevé que el número de enfermos se haya triplicado en 2050. En la actualidad, en la provincia de Málaga hay unas 20.000 personas con demencias, de las que la mitad sufren alzhéimer.

El ritmo de aumento de afectados es infinitamente superior a la capacidad de la Junta de Andalucía (como sucede, asimismo, en el resto de comunidades) de ofrecer recursos para asistirlos. Uno de los retos a abordar es la elaboración de un censo real del número de pacientes. Y otro es dar una solución a los aproximadamente 3.000 enfermos que están en lista de espera en Andalucía (unos 500 en la provincia de Málaga) pendientes de que se les conceda una plaza en un centro de día (unidad de estancia diurna). No es de recibo que en Andalucía la Junta sólo tengan concertadas 863 plazas (unas 200 en Málaga) para atender a los pacientes en centros de día cuando la cifra de andaluces con demencias es de 112.000. Los grandes perjudicados en esta triste historia son los enfermos y sus familiares. Los primeros no pueden valerse por sí mismos y los segundos se ven impotentes ante un sistema que se vuelve insensible por la escasez de recursos y la incapacidad de arbitrar medidas. Esa incompetencia para aminorar el problema pone a pacientes y familiares contra las cuerdas, en un estado de soledad para el que no encuentran consuelo. Lamentable.