Diario Sur

EL ALFÉIZAR

Policía

En estos días la policía, tanto local como nacional, celebra a sus santos patronos. Más allá de la legítima discrepancia de quien entienda que eso de un patronazgo católico está fuera de lugar, es ocasión propicia para que quien sea creyente se acoja a la protección de los ángeles y se valore el papel del policía como alguien que protege y vela. A la manera de los ángeles la policía ayuda en momentos muy concretos de angustia, acompaña a quien lo necesita e ilumina el camino. Para comprobarlo, basta darse una vuelta por la historia de los ángeles y descubrir fáciles similitudes entre estos seres de luz y el policía. La presencia discreta, oportuna y actual de la policía, sin ir muy lejos en @policia, alerta y protege. La tarea que desempeña en Málaga y su provincia, en Melilla o en otro punto de la geografía nacional contribuye a dar seguridad a vecinos y visitantes. ¿Que sería mejor no necesitarlos? Por supuesto. Significaría que la violencia habría desaparecido y viviríamos una convivencia modélica. Pero mientras esto llega es necesario reconocer su tarea: un trabajo preciso, necesario y digno; discreto, contundente y profesional.

Este verano ha permitido apreciar de manera especial su quehacer para que pudiésemos disfrutar en paz del tiempo estival a pesar de las amenazas violentas que se ciernen sobre nuestras sociedades. Gracias a su tarea sacrificada y diligente, podemos disfrutar durante el resto del año del respeto mutuo.

Las múltiples formas de delincuencia son fruto de una sociedad cruel, desarticulada e injusta. Son consecuencia del pecado del mundo, de una sociedad egoísta que se construye prescindiendo de Dios. Por eso, celebrar a sus patronos es ocasión para valorar el bien que hacen. Para descubrir ángeles entre nosotros. Y consolidar la fe en Dios y en el ser humano. Su razón de ser e identidad más profunda es el respeto al cumplimiento de la ley; su afán, la paz social; su recompensa, el honor de servir.

Celebrar a sus santos patronos es también tener un recuerdo emocionado por todos los compañeros y compañeras que tanto en España como fuera de ella desempeñan lealmente la misión encomendada incluso con el coste de su propia vida y el sufrimiento familiar. Conviene sentir el aprecio por su trabajo al servicio del bien común más allá de los vaivenes políticos o de los convulsos episodios que con frecuencia salpican la geografía internacional.