Diario Sur

LA TRIBUNA

La Mónica

He vuelto a Málaga este fin de semana pasado. Con la coartada de oír, ver y tocar a Shigeru Ban en la apertura de curso de la Escuela de Arquitectura y disfrutar -de paso- de esa joya del patrimonio que es el teatro (a la italiana y de libro) Cervantes. Enhorabuena a los organizadores. Y me he encontrado con los museos a todo meter -imprescindible la selección de Chagall en el ruso-, las calles, los barrios y las playas repletos de vida (ciudades para la gente que dice mi admirado Jan Gehl), y con la polémica urbana del momento. Así que, si me lo permiten, tercio.

El hotel proyectado -y no olviden que proyectar es lanzar hacia adelante-por el equipo del arquitecto Pepe Seguí en el dique de Levante, mal llamado «torre seguí» con muy superficiales analogías formales, parece resultar de interés ciudadano y mediático en estos tiempos convulsos. Más que el cuidadoso trabajo del mismo autor para la empresa familiar Hoteles Santos en el Miramar; más que la excelente experiencia de escultura urbana de Elena Laverón en Vélez Málaga; tal vez porque éstas, y otros miles de acciones indiscutibles y aceptadas por todos como buenas, tienden a pasar desapercibidas. Lo que no es improcedente en absoluto, sino más bien un signo de normalidad.

Pero lo cierto es que la torre que pudiera ser y no es todavía, se me antoja una operación delicada y de lectura poliédrica. Aspectos de procedimiento administrativo aparte -cuando redacté el Plan Especial de la Marina Juan Carlos I de Valencia comprendí la complejidad de legislaciones concurrentes en un puerto del estado-, de oportunidad e, incluso, los puramente económicos y financieros (que no carecen de importancia), cuestionar la capacidad profesional y la sensibilidad paisajística del autor sólo puede ser una broma de mal gusto o la disimulada presencia de espurios intereses. Renuncio a hacer un juego fácil de palabras con el apellido del primer edil, para reivindicar -una vez más- el papel y el valor de este tipo arquitectónico -la torre- en la construcción de la ciudad moderna. De Pelli, o de Nouvel, Foster, Toyo Ito, Bruce Graham, Antonio Escario y de Sáenz de Oiza, pudiera ocuparme otro día si alguien se interesara por las «odiosas» comparaciones.

Y me llama la atención que el patrimonio sentimental de «la mónica» no salga a relucir en esos complejos matices que en la lectura de la ciudad confluyen y que, si se hurtan, la dejan incompleta, inculta y poco inteligente. O la arquitectura industrial de la vieja fábrica de cemento cuando Málaga ya está saludando el Rincón de la Victoria. Y que me disculpen los expertos por mirar con ojos de viajero, de visitante, de huésped complacido y satisfecho con la generosidad de ese anfitrión anónimo que es el pueblo malagueño. Generoso y seguramente clemente. (Piadoso, ya es sabido)

No entraré en cuestiones técnicas ni gremiales -que del lector no se debe abusar- ni mucho menos morfológicas, o de estilo; respétese, por favor, la responsabilidad del autor, su autoridad y propiedad intelectual y -no se me escandalicen, se lo ruego- hasta su derecho a equivocarse en este orden de cosas. Porque la cuestión de fondo, ya lo saben y ya lo he dicho, es la construcción de la Málaga moderna. La ciudad que es mucho más que un mapa o un perfil, más que una suma de edificios y espacios, más incluso que un conjunto de relaciones entre las cosas, las cosas y las personas, las personas y las personas. La ciudad como relato de calidad de vida y bienestar (he dicho tantas veces que ciudad viene de ciudadano; y no al revés), la ciudad como espacio de oportunidad libre y seguro, la ciudad como experiencia de convivencia y respeto por el otro, sobre todo por el más débil y vulnerable.

Así que no encuentro motivo para la polémica identitaria (ojo con este tipo de prejuicios que pueden acabar resultando excluyentes) ni mucho menos para el enfrentamiento. Bienvenida la reflexión y el contraste de pareceres, bienvenida la ponderación y el respeto mutuo en la discrepancia legítima, bienvenida la apuesta de futuro, de progreso y de riesgo medido que la innovación siempre significa. Y bienvenida, desde mi modesto punto de vista de viajero agradecido, la torre Andalusian Hospitality II del dique de Levante del Puerto para enriquecer con su participación esa fiesta permanente que históricamente ha sido esta tierra de acogida tan andaluza y tan española.

* José María Lozano Velasco es autor del Plan Especial de la Marina Real Juan Carlos I de Valencia, que incluye la posibilidad de edificar un edificio en altura. Es catedrático de arquitectura en activo y Secretario de la Comisión de las Ciencias del Consejo Valenciano de Cultura. Actualmente investiga y dicta docencia en regeneración urbana y sostenibilidad territorial.