Diario Sur

CALLE ANCHA

MARBELLA DE CARA AL MAR

SE escucha con cierta frecuencia la afirmación de que Marbella ha vivido de espaldas al mar. No deja de ser algo discutible; la existencia de cuatro puertos en nuestro litoral y la pujanza del sector pesquero (única actividad económica tradicional que logró sobrevivir a la eclosión de la mal denominada industria del turismo), vienen a desmentir esa afirmación, que por repetida pareciera que adquiere la categoría de certeza. También lo contradice la gran actividad que la escuela de vela del Real Club Náutico despliega a lo largo del año. Hace unas cuantas semanas, con motivo de un artículo en esta sección sobre los puertos que en Marbella pudieron ser y quedaron en simples proyectos, un lector me recordaba un acontecimiento motonáutico que tuvo como escenario Puerto Banús a comienzos de los setenta. Me suscitó la curiosidad y la pista me condujo al domingo, día dieciocho de junio de 1972, cuando llegaron a Puerto Banús los participantes en la regata Londres-Montecarlo, una de las pruebas motonáuticas más prestigiosas de aquel momento. La inclusión de Marbella como fin de etapa se debió a la gestión del príncipe Alfonso de Hohenlohe, quien además de encontrarse al frente del Marbella Club, era presidente de la Cooperativa de Promotores de la Costa del Sol. Las embarcaciones llegaron a Marbella a mediodía del domingo, con sensible anticipación sobre lo previsto, procedentes de Portimao, en Portugal. Una serie de lanchas deportivas salieron al mar para dar la bienvenida a los trece competidores que hicieron su entrada en el puerto. La primera embarcación en llegar fue 'Miss OW 40', de Hamburgo, pilotada por Oskar Trost, Ute Trost y David Jones; era las una menos cuarto de la tarde. En segundo lugar arribó 'Zoom', de Montecarlo, pilotada por G.F. Rossi, Renato Massolini y Ettore Anolenna. La primera lancha había realizado el trayecto entre Portimao y Marbella en cuatro horas y veintitrés minutos. En el recibimiento no faltó nadie: la comisión de fiestas con la reina de la feria y sus damas, caballistas y amazonas ataviados a la andaluza; las autoridades municipales presididas por el alcalde Cantos Gallardo, el teniente alcalde de fiestas, Francisco Palma y el primer teniente alcalde, Antonio Maíz Viñals; también se encontraba el ayudante militar de marina, el príncipe Alfonso de Hohenlohe y José Banús Masdeu, promotor del puerto y presidente del Consejo de Administración del grupo de empresas Banús. Por la tarde los regatistas fueron obsequiados con un paseo desde San Pedro Alcántara al Puerto a caballo. Pero antes, el Marbella Club les había ofrecido un cóctel, en cuyo transcurso dirigió la palabra el organizador de la regata, John Chitty, resaltando las excelencias de Marbella y su amistad con el príncipe Alfonso. A continuación Hohenlohe quiso rendir homenaje a don Ricardo Soriano, porque precisamente en aquel día se cumplían cuarenta años desde la gesta deportiva del marqués de Ivanrey, que había batido la marca mundial de motonáutica en Bayona, alcanzando una velocidad de ciento treinta y cuatro kilómetros por hora, pilotando una embarcación que él mismo había diseñado y construido. Los trofeos que fueron entregados a continuación a los ganadores de la etapa se encontraban expuestos en un estante presidido por la copa que Ivanrey había conquistado en Bayona el 19 de junio de 1932. Los regatistas visitaron al día siguiente al marqués, quien se encontraba enfermo en su domicilio. Hohelohe hizo una propuesta que le fue aceptada: la celebración cada dos años de la prueba con la denominación de Londres-Marbella-Montecarlo. El objetivo de la promoción de Marbella se encontraba como interés prioritario. Se destacó que los participantes llevaban gastados dos millones de pesetas desde el comienzo de la prueba en combustible y mantenimiento