Diario Sur

INTRUSO DEL NORTE

Lo del sábado

¿Recuerdas aquella tarde? La tarde del sábado, sin irnos más lejos. Aún era tiempo de verano; echábamos unas cervezas por comentar la jugada de lo que pasaba en el PSOE (‘guasaps me fueron llegando de que Ferraz era tomada’). Yo te traía noticias frescas de Madrid. Abriste unas anchoas. La televisión encendida. Buena tele de plasma. Sí señor. Veíamos desde el patio delantero (toda casa mata de Pedregalejo tiene un patio delantero) lo que iba pasando por la Calle Ferraz. Decir que estábamos ante un hito histórico –qué se yo– como el discurso de Suárez o la ‘V’ de Guerra y Felipe sería mucho decir. Más bien, la tarde se puso latinoché, y aquello parecía un país bananero antes de una destitución o de un revocatorio mangoneado. De ‘la noche de los transistores’ pasamos a la ‘tarde de los tertulianos’, y, por un día, los tertulianos de todo pelaje mostraron una cierta calma, una calma digna e inopinada. Por no hacer –más– sangre.

Era sábado y por inicio de octubre. Después fuimos a por más cervezas; agotamos las anchoas e irrumpió Revilla en el televisor, que ya son casualidades catódicas. A la puerta de la tiendecilla, la buena gente fue recolectando provisiones para el microondas. La crucifixión según Ferraz vendía, y no había que suscribirse a netflix para seguir el argumento de la riña de gatos.

Hoy, dos días después de aquella merienda/cena con regusto a astracanada, vuelvo a preguntarme por los mismos términos vacíos de la política: militancia, consenso, orgullo. Vuelvo a preguntarme por esa política nueva que dicen que ha llegado y que ha absorbido a un partido centenario. Ni 15-M, ni la centralidad naranja. La vida imita a la política, con la salvedad de que cada «merienda de negros» de un Federal (o de una Ejecutiva, de unas Primarias, o de un dedazo) nos recuerda el papel de mero espectador que le queda al votante. Lo escribió Gala: «Entre todos, trescientos, desarmados, /de dos en dos. '¿Qué cuerpo, /abraza a qué otro cuerpo?'/ De dos en dos, vencidos. Esto queda./¿Dónde está el vencedor?»

Se decían políticos profesionales, cultos. Amantes esposos, catalanes histriónicos; se decían todo eso.

Y lloró Susana. Fiel al papel de Dolorosa de Triana, mientras la masa (no pasaría de cien con carteles y pancartas de cartoncillo) le llamaba golpista, no pudo evitar el llanto. Ya tuvimos la tragedia shakesperiana completa, como guionizada por un dramaturgo de a duro.

Lloró Susana, efectivamente. Y España entera era una televisión encendida. La «Pasión y Muerte del guapo», el Gólgota cabezón de Pedro Sánchez, se representó frente a todos nosotros, pecadores y votantes cuando toque. Ahora les viene la muy trillada travesía por el desierto y esos puñales tan de siempre, tan marca de la casa. Y el eco de las risas de Podemos. Habrá más sábados como el pasado en el patio delantero en Pedregalejo. Pero quizá no huelan tan tardíamente los jazmines por ese callejón edénico, Pasaje del Cortijo, donde vimos morir a Sánchez a la sombra de un níspero.