Diario Sur

Perder referencias morales

La corrupción institucional que nos ha desbordado y que todavía las formaciones políticas están intentando embridar -los pactos tras el 20-D incluyen nuevas medidas de profilaxis moral- no se entendería del todo si no se enmarcara en un contexto de pérdida de las referencias morales que ha afectado no sólo a la superestructura política sino, previamente, a la estructura social, a los hábitos del conjunto de los ciudadanos.

El cultivo de la opulencia, que se practicó aquí en los últimos años del pasado siglo y principios de este, produjo una relajación ética que, a lomos de la burbuja hipotecaria y financiera, degradó la relación entre lo público y lo privado. Las cajas de ahorros, gestionadas a cuatro manos por la clase política y la sociedad civil, fueron el instrumento de aquella estampida hacia el abismo y materializaron el colosal negocio especulativo que enfangó el país.

Uno de los episodios más repulsivos y al tiempo más expresivos de aquella etapa ha sido el de las tarjetas 'black', que ya ha empezado a juzgarse, y que resume el expolio que el dinero de todos sufrió a manos de quienes tuvieron ocasión de llevarlo a cabo. En el banquillo están representantes del Partido Popular, del PSOE, de Izquierda Unida, de la UGT, de CC OO, de la CEOE y de la CEIM. Hay un ex secretario de Estado de Hacienda, varios catedráticos de universidad, un antiguo jefe de la Casa del Rey, miembros significados de la sociedad civil. Todos humillados por la regalía traicionera de Blesa y de Rato, que compraron a bajo precio mediante el soborno la lealtad de aquella gente, obnubilada por el brillo del dinero fácil.

Es muy significativo que aquellas docenas de personalidades estuvieran tan influidas por el ambiente de relajación y permisividad que ni siquiera se planteasen dónde estaba la frontera entre lo lícito y lo ilícito, entre lo permitido y lo proscrito. Y en aquel marco decadente, los partidos dejaron sus fundamentos éticos y se convirtieron en cómplices. De ahí que el retorno a la razón exija no sólo la regeneración de la política sino la recuperación de los principios.