Diario Sur

VIENEN CURVAS

Habla pueblo habla

Cada vez hay más fans de aprobar que se hagan consultas populares. Hacerlas ya es otro cantar. Queda bien, especialmente cuando un asunto está enquistado, como ha pasado en Málaga con el proyecto para los terrenos de Repsol. El PP quiere la fórmula inicial (las torres de viviendas, equipamientos y un parque de 70.000 metros), los partidos de izquierda apuestan por destinar 177.000 metros a un gran bosque urbano, mientras que Ciudadanos se queda con una postura intermedia entre las dos.

Es una pena que no se haga una consulta sobre si hay que poner en marcha los asuntosque se aprueban en pleno, porque tenemos ya un máster en dar luz verde a cuestiones que luego no se realizan. Esto de que los malagueños voten qué hacer en los terrenos de Repsol es la segunda vez que se aprueba. ¿Quiere eso decir que todos los grupos políticos están de acuerdo en hacerla? Pues aunque parezca una contrasentido, no, porque de ser así ya la hubieran hecho. Hay variedad de estrategias para dilatarla. La primera, enredarse en un debate burocrático sobre si se puede hacer la consulta, que es la técnica que se ha aplicado en este caso. Ya puestos, haber planteado una consulta ciudadana sobre si hay que hacer una consulta. Sería lo suyo.

Cuando hay voluntad es muy fácil. En Sevilla han querido preguntar por la Feria de abril y lo han hecho. Aquí, tras aprobar dos veces por unanimidad hacerla ni siquiera se ha facilitado aún, ni a la oposición ni a los periodistas que lo han pedido, un informe que se encargó al interventor para ver si podía hacerse la consulta .

Hay una modalidad trampa que consiste en plantear la pregunta a aquellos que ya se sabe lo que van a responder porque eso es lo que interesa. Pensemos, por ejemplo, en los deberes. Asociaciones de padres se han rebelado contra ellos. Sí, un poco el mundo al revés. ¿Se quiere que gane el no? Planteemos una votación y preguntamos a los alumnos qué quieren.

Las preguntas ciudadanas están muy bien cuando se hacen de verdad, para saber lo que opina la gente, no cuando se convocan porque es relativamente fácil dirigir la opinión de los que van a votar. Algunos recordarán que el PSOE ganó las elecciones de 1982 con un eslogan sobre la OTAN. 'De entrada, no'. Y exigían a Calvo Sotelo, entonces presidente del Gobierno, que España no se incorporara a la Alianza Atlántica mientras no nos devolvieran Gibraltar. Pero luego Felipe González cambió de idea y convocó un referéndum. La campaña gubernamental fue tan fuerte y los sociólogos le dieron tantas vueltas a la pregunta que, a pesar del espíritu antimilitar y antiamericano que por entonces reinaba en España, venció el sí. Si se gano aquello se puede ganar cualquier cosa.

¿Consultas? De entrada, sí. Pero no interesadas.