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'SMALL BALL IS BACK'

V isto lo visto últimamente hoy puede ser un buen día para hablar con ustedes del ‘small ball’, término que le da nombre en la NBA a lo que, de toda la vida, hemos llamado en español jugar con 4 pequeños, con un falso 4 y un único pívot o, incluso, con un falso pívot, que en sus diversas variantes se caracteriza, ya sea en negativo o positivo, por lo siguiente: ausencia de juego interior real, por la rapidez de todas las acciones, la amplitud de espacios y la liberación de tiros abiertos, ritmo intenso, la anotación exterior (no tirar de tres por tirar, pero tampoco pasar al pívot si no es decisivo), intensidad defensiva y presión al balón para evitar, en otras cosas, que les llegue a los pívots contrarios y aprovechen su ventaja, la recuperación del balón, el contraataque, sacar a los hombres grandes de la zona, desequilibrio interior-exterior, demasiados tiros de tres, debilidad en el rebote, falta de intimidación, dificultad en la defensa de los hombres altos del rival....

Un recurso táctico reservado tradicionalmente a determinados momentos del partido o casi siempre utilizado en equipos obligados a esconder las debilidades y carencias de su juego interior. Y hay muchos ejemplos. Podemos recordar en la NBA a los Warriors de Don Nelson (2006-2007), que brillaron, ¡y de qué manera!, con este estilo de juego. O, en esa misma época, los Phoenix Suns de Mike D’Antoni con su Run&Gun, dirigidos por el genial Steve Nash...

Y sin ir más lejos, hace ya casi 3 décadas (¡qué se dice pronto!), aquí mismo en Málaga el Mayoral Maristas. ‘Small ball’ en estado puro, que despertó mucho interés, un espectáculo que enamoraba a su afición comandado por los famosos Smith, los inolvidables Ray y Mike, jugando en tantas ocasiones como falsos 4 y 5, respectivamente, y a los que pocos se atrevían a definir por su juego como escoltas, aleros o pívots, que llevó al equipo a subir a la ACB y a competir en ella con bastante dignidad.

Quizás lo que deberíamos entonces preguntarnos es por qué está tan de moda y qué ha cambiado en el baloncesto para que vuelva con tanta fuerza este sistema de juego al que los americanos han denominado con tanta sonoridad ‘Small ball’.

En el baloncesto siempre ha habido la máxima de que sin un pívot dominante se pueden ganar partidos, pero es imposible ganar campeonatos. En los equipos hemos codiciado siempre, en la medida de sus posibilidades económicas, a esa figura como pieza clave e imprescindible en la construcción de la plantilla o a la hora de definir las aspiraciones reales.

Pero también es cierto que tras los éxitos alcanzados por los Warriors de Steve Kerr y Stephen Curry, ganando sin pívot titular el anillo en la temporada 2014-15 y alcanzado el récord de victorias en la fase regular en la 2015-16, hemos podido observar un radical cambio de tendencia, con muchos defensores de ese sistema y, aunque no coincido con las apocalípticas declaraciones de Dwane Casey en las que afirmaba que la era de los pívots llegaba a su fin, sí que nos enfrentamos a un sensible descenso, ya presente, en la aportación y presencia ofensiva de los pívots y de la riqueza táctica y técnica propias del juego que ofrecen. Tendencia que se ha trasladado a Europa y que lo estamos viendo no sólo como un recurso obligado por las circunstancias, sino también, y aquí está la diferencia, como un recurso propio de un equipo ganador.

Unicaja tiró de ‘small ball’ en el primer partido de la temporada contra el Madrid. La capacidad de anotación de sus muchos jugadores de perímetro, la polivalencia de Carlos Suárez, Brooks y Dani Díez, que pueden jugar de 3, 4 o de falsos pívots, o el poderío físico que se espera de N’Diaye, puede llevarlos a dominar este arma tan en boga como discutida, pero, eso sí, nada desdeñable ante esta temporada ya iniciada que seguro viene cargada de nuevas oportunidades.