Diario Sur

PERSONAS, INNOVACIÓN Y POLÍTICA

El foro Futuro en Español que celebramos esta semana para debatir sobre la innovación y la propuestas de desarrollo en América Latina y España tuvo entre sus muchas conclusiones una que sirvió de titular: las personas son las verdaderas palancas de la innovación. En el océano de tecnología y digitalización, las personas marcan la diferencia. El empresario malagueño Antonio Gómez-Guillamón, director general de Aertec, profundizó en esta idea y puso en valor el hecho de que una de las claves del desarrollo de Málaga en el último cuarto de siglo ha sido la implicación de muchas personas en la aplicación de un plan estratégico, generando un ecosistema virtuoso capaz de generar impulsos en la dirección correcta. El ex director del Instituto Europeo de la Innovación y Tecnología, José Manuel Leceta, lo había planteado minutos antes bajo el concepto de «People, Places and Processes» (personas, lugares y procesos) y en la importancia de poner el foco «en el factor humano y social de la innovación». Días antes, Bernardo Quintero, creador de Virus Total -ahora de Google- contaba en una interesantísima charla en el espacio Bic Euronova del Parque Tecnológica la trascendencia de la interacción y comunicación entre las personas en el desarrollo de su proyecto sobre ciberseguridad. «Lo importante no es la idea, sino ser capaz de desarrollarla. Y para ello es fundamental un equipo», decía Quintero, nominado por su sector en 2015 como el número uno del mundo en ciberseguridad.

Viene todo esto a cuento porque, como comentó Gómez-Guillamón, Málaga ha sido capaz de crear ese ecosistema capaz de transformar la sociedad con personas de extraordinario valor. Ha ocurrido en el mundo de la cultura, en el mundo del turismo, de la empresa y está ocurriendo en el sector tecnológico gracias un grupo de personas capaces de generar un espacio de innovación y desarrollo con una enorme energía. En un reciente encuentro que tuve en Málaga con el premio Nobel Bruce Beutler, que impulsa un proyecto sobre investigación genética, se mostraba interesado, sobre todo, por el equipo humano que Málaga podría aportar llegado el caso a través de la Universidad; y por el talento y la pirámide de conocimiento que se podría generar alrededor del proyecto. Otra vez escuchaba hablar sobre las personas y la innovación. Y en este contexto, Leceta llamaba la atención de que en este nuevo paradigma de la innovación las agencias y administraciones públicas tienen que tener «un papel humilde, para facilitar que las cosas ocurran, pero sin forzar que ocurran». Se trata, entiendo, de facilitar, impulsar y conectar para que esas cosas ocurran. Estamos en una época en la que lo importante es agitar el conocimiento y el talento para que resulte algo, algo que seguramente será bueno.

Y en medio de toda esta agitación creativa de esta semana surge la mala política como lastre bochornoso del día a día. Porque en la política de hoy, en la nacional, en la autonómica y también en la local, hay políticos comprometidos con el progreso, pero también hay muchos políticos que lo único que hacen es embarrar, como esos equipos de fútbol sin talento que prefieren un campo encharcado en el que no ruede el balón. Y ahí es cuando la política es tóxica. Pero fallan las personas, no la política; fallan los líderes, no el PSOE; y falta mucho talento y conocimiento en nuestra política, en la vieja y en la nueva. Por eso hay que expulsar al que sólo quiera jugar en el barro porque, como dice González de Lara, presidente de la CEA, no hay peor competencia que la incompetencia.