Diario Sur

hablar y vivir

MOMENTOS

Así, de golpe, escucho a una dirigente política hacer esta afirmación: «Por desgracia para todos los gallegos, ha triunfado el partido…». Existe en lógica mecanismos de fiabilidad que no son los mismos que los de la retórica donde el criterio de verdad llega a desaparecer en su contrario. Este es un magnífico ejemplo. Una opción política perdedora frente a otra claramente vencedora presenta como juicio universal lo contrario que los hechos muestran. La verdad es que el partido que obtiene más votos es el preferido; luego, la desgracia, en todo caso, es para los que no consiguen la adhesión democrática.

Este uso del idioma, que desde lo particular pasa a lo general, es muy frecuente, sobre todo en partidos con ciertas tinturas totalitarias que tienen en su esencia ser portavoz de todos sin serlo de ninguna manera. No se olvide que estos partidos parten del principio elitista de que una minoría revolucionaria y perfectamente preparada debe ser el faro que dirija a la masa, que no a las personas. No hay nada original en el planteamiento. El individuo y sus valores individuales se deben disolver, por las buenas o malas, en un continuo acrítico y, en consecuencia, alienado por el control por parte de la elite dirigente y única de la educación, de la historia, de la comunicación y de las otras estructuras de la sociedad; todo ello con la palabra democracia y voluntad popular en todo momento como mantra; en último extremo siempre quedan medios más contundentes de control.

Afirmaba Galdós que lo mejor de España eran los españoles, puede parecer una perogrullada, no lo es. La paciencia del pueblo español con sus políticos es extraordinaria; sobre todo después de tantas votaciones y de campañas electorales donde el aburrimiento ha llegado a ser estratosférico. He buscado y rebuscado algo interesante y la suerte me ha llegado casi al final, pero ha merecido la pena.

Normalmente no suelo dar los nombres de los autores de mis ejemplos pero en este caso hay que citar al señor Miguel Iceta, líder del socialismo catalán. Siempre he defendido que por mucho que los asesores se empeñen en rectificar la manera de ser, la imagen, el lenguaje y hasta los gestos de los políticos, al final, de una manera o de otra, el carácter sale. El señor Iceta ya nos ha mostrado sus cualidades de bailarín. Es una persona extrovertida, metido en carnes y parece de temperamento sanguíneo.

Existen reglas en los mítines de aplicación general. Hoy se recomienda confianza en el juicio, claridad en la exposición y modulación de los tonos de expresión. Los momentos de mayor intensidad se apoyan en pocas frases que son titulares, eslóganes en definitiva. Iceta se dejó llevar por el temperamento y se convirtió en un grito exasperado; lo que en lenguaje coloquial se denomina perder los papeles.

El mensaje de Iceta parte de una apelación a Pedro Sánchez como salvador de España. Le demanda que resista las presiones y que evite un gobierno de Mariano Rajoy formando un gobierno alternativo. Emplea dos veces la exclamativa «¡Por Dios!» que puede resultar extraña pero que es perfectamente adecuada a la conciencia general de los hablantes medios. Una forma de hablar que nos retrotrae a oratorias más antiguas como la de líderes de la Segunda República.

En otro orden de cosas, una periodista se refirió a un partido ganador por mayoría absoluta, de este modo: «Ha obtenido mayoría absoluta aunque tendrá que buscar pactos». Es evidente que se trata de un lapsus pero hay que ser más esmerados. La adversativa es un error. Si tiene mayoría absoluta no necesita pactos aunque los pueda buscar.

Tres observaciones breves. Se ha afirmado que la palabra ‘mall’ se está imponiendo frente a ‘centro comercial’. No lo creo porque la tendencia de uso es nombrar ese espacio con nombre de marca: «Voy al Carrefour, al Larios, al Rosaleda, etc.» Ni ‘mall’ ni ‘centro comercial’.

En el lenguaje hay temas que son opinables, sobre todo con nuevas palabras y mucho más con las adaptaciones de palabras extranjeras. Así ‘Whats App’ se ha adaptado como ‘wasap’, plural ‘wasaps’ y verbo ‘wasapear’. Se puede considerar correcto porque la w es ‘gu’. El plural es otra historia por acabar en dos consonantes y su pronunciación es prácticamente imposible. Otra posibilidad válida es ‘guasap’, plural ‘guasaps’ y verbo ‘guasapear’. Me gusta más pero no hay que hacerse ilusiones. La adaptación prefiere ser lo más próxima al término original.

No tenía ni idea de qué era un ‘quokka’. Ya veo que es un canguro con el tamaño de un gato. Por alguna razón que desconozco se ha puesto de moda y no creo que sea por su abundancia en estas tierras. No tiene equivalente el marsupial australiano; así que con cursivas y respetando la grafía.