Diario Sur

LA OLA

¿Y AHORA QUÉ?

Tras el superverano se espera un mejor otoño y comienzo invernal. Pero antes de esta épica temporada alta, los registros experimentaron crecimientos exponenciales. Los datos depositan todo el éxito en las llegadas internacionales y advierten, aunque han pasado de puntillas ante la buena marcha de la industria, del retroceso en la recuperación nacional en la Costa, que no en Andalucía. A veces las grandes cifras esconden mensajes que obligan a reflexionar para no morir de éxito y para evitar que mercados claves para esta industria, como es el nacional, se vean absorbidos por la vorágine de la avalancha de viajeros extranjeros que han visto reducidas sus oportunidades de viajar a escasos destinos. El panorama de inestabilidad internacional que ha dejado fuera del mapa turístico a feroces competidores como Egipto o Túnez y que ha debilitado enormemente a Turquía está detrás de este fuerte crecimiento de llegadas internacionales, que han copado los hoteles y que han supuesto una garantía para elevar precios y recuperar la rentabilidad perdida en ocho años largos de crisis. De hecho, el tirón del mercado inglés, creciendo a dos dígitos pese a la magnitud del mismo en la Costa, se enmarca en esta fuga de viajeros de destinos que generan inseguridad y que han encontrado cobijo en el litoral malagueño. No hay otra explicación que pueda avalar semejante repunte, como tampoco la hay en que el turismo nacional se ha resentido en la provincia este verano por la ausencia de ofertas, el aumento de los precios y las dificultades para reservar los fines de semana. Sin embargo, este retroceso debe encender una señal de alerta, por más que el riesgo se haya mitigado con la afluencia de viajeros de fuera de las fronteras. Además, debe servir para replantearse algunas estrategias, porque no se puede olvidar que la caída de la demanda nacional en los hoteles no se generaliza al resto de Andalucía, sino que se concentra en la Costa, que es el destino que genera el 40% del negocio turístico. El sector y las administraciones deben considerar que ha llegado la hora de dar respuesta a la pregunta: ¿Y ahora qué?.