Diario Sur

EL SITIO DE MI RECREO

El PSOE deconstruido

España es huevo, patatas, sal y aceite en tortilla. Nuestra crisis comenzó cuando Ferrán Adriá se atrevió con la dichosa deconstrucción. Aislar los diversos ingredientes de nuestro plato identitario, y reconstruirlo de una manera tan inusual, con un aspecto y textura tan completamente diferentes, aunque de alguna forma conservara su sabor, fue el comienzo de nuestro fin.

En política se paga cara la falta de identidad. Cuando los ciudadanos no reconocemos las señas de un partido político, esa formación indudablemente se adentra en el abismo.

Esta semana el PSOE ha entrado en una crisis sin precedentes. La contienda soterrada entre los dos bandos de la formación socialista, se ha hecho presente y pública de una forma muy virulenta tras las declaraciones últimas de Felipe González sobre Pedro Sánchez. El conocimiento por la parte crítica del partido, de que el secretario general actual, no sólo no quería pasar a la oposición, sino que tenía muy avanzadas las conversaciones con Podemos y todos los partidos regionales separatistas para conformar un gobierno 'Frankenstein' y así evitar unas terceras elecciones, fue la llama que encendió la mecha. Esa huida hacia delante de la ejecutiva socialista podría suponer el fin del propio partido según los críticos, ya que la obligación de adoptar posiciones extremistas y separatistas, harían irreconocible su ideario socialdemócrata.

No debemos retrotraernos al tiempo de Julián Besteiro o Largo Caballero para saber que en el PSOE siempre hubo corrientes diferentes, unas más moderadas y otras más extremistas. Tras el regreso de la democracia a España, el PSOE ha sido fundamental en la vertebración del proyecto político español. Es verdad que Felipe González representó la apuesta por el discurso europeísta de la socialdemocracia, tanto en el ejercicio del poder como cuando los españoles lo situaron en la oposición. Zapatero representó otro tipo de socialismo, con planteamientos que comenzaron de nuevo a separar a los españoles, con posiciones extremistas en muchos temas sensibles, sin una idea clara de España que dio alas a los nacionalismos separatistas, ocupándose demasiado de los medios de comunicación y la propaganda, aprovechando el momento de bonanza económica que se vivía. No es extraño que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, se sienta muy cercano a él y muy lejos de González. De alguna manera, es heredero de aquellos planteamientos políticos.

Pedro Sánchez se atrevió para su desgracia a separar las patatas y el huevo en su partido. Todo apunta, a que desde este sábado, el PSOE de nuevo apueste por la tortilla de patatas de toda la vida.