Diario Sur

LA ROTONDA

En el peor momento

EL Partido Socialista Obrero Español se debate en una crisis interna sin precedentes que llega en el momento más delicado para la historia de la España del siglo XXI. Este país, para afrontar la difícil situación internacional y económica, para mostrar sus fortalezas, que las tiene, necesita de un Gobierno que no esté en funciones y de una oposición fuerte y sólida. Quienes se alegran de la enorme fractura socialista, salvo que se llame Pablo Manuel Iglesias, es que no tiene ni puñetera idea de qué va esto. La democracia llegó a este país no llovida del cielo (algo que muchos de los 'neosalvadores' de nuestra política no se enteran), sino a base de mucho esfuerzo, de mucho consenso, de mucho aguantar e incluso, para colmo, de no pocas sangre derramada por un terrorismo que nos pegaba una puñalada trapera un día sí y otro también. Pese a lo mal que se pasó, la Historia de España contemporánea se llenó de urnas, de una Constitución y de una convivencia que solo fue posible por la alternancia en el poder de partidos fuertes y cohesionados, pero también de una oposición que supo tomar el relevo cuando era necesario y que puso el diálogo por encima de los intereses partidistas. No voy a entrar a valorar quién lleva razón en este sainete de calle Ferraz, verdaderamente triste para quienes llevamos muchos años conviviendo en una sociedad en la que este partido, que está formado por hombres y mujeres con nombres y apellidos, ha sido fundamental, entre otras cosas porque cualquier vaticinio de lo que pueda pasar está en el más absoluto riesgo del fracaso, pero sin duda Pedro Sánchez, un desconocido que llegó a secretario general de unos de los dos partidos más fuertes y potentes de España sin mérito alguno, se ha equivocado en lo que se podría definir como 'estrategia de España'. Tras las segundas elecciones generales, su postura tuvo que salir del enrrocamiento en el 'no es no', porque simple y llanamente este país no se merecía la situación en la que lleva ya un año, porque además perdió las elecciones, y porque, por si no se había dado cuenta, en una comunidad llamada Cataluña hay un señor que le importa un pepino casi todo y que cada vez que hay una debilidad nacional 'asoma la patita' de la independencia. La delicada situación geoeconómica también era digna de tener en cuenta, pero su actitud ha sido tan sin explicaciones que la imagen que ha dado ante media España y la otra también es que lo único que le importaba era su supervivencia en medio de un partido que se desangra a chorros en las urnas, como se vio el pasado día 25 en Galicia y en el País Vasco. Esa noche debió cambiar su 'no es no' que incluso resulta antipático, hasta para 'volver simpático' a algunos de sus rivales más directos, y ahora estaríamos hablando de otra cosa. Pero no ha estado listo ni bien aconsejado. España necesita de un PSOE fuerte, pero como sigan así, 'podemos' ver cualquier cosa... Al tiempo.