Diario Sur

Lo peor está por llegar

La cruda realidad de las últimas horas en el seno del Partido Socialista está desbordando las peores expectativas y apunta, rizando una de las frases preferidas de Pedro Sánchez, a que lo peor está por llegar. El secretario general (en funciones, o no) había dado ya muestras de su obstinación irresponsable en el bloqueo a la formación de un gobierno que pudiera afrontar el colapso nacional.

Su actitud soberbia y arrogante se había trasladado también al interior de su partido rompiendo puentes con los dirigentes más avezados y reconocidos de la familia socialista. A medida que las urnas le han ido colocando como un líder sin tirón electoral, Pedro Sánchez ha agudizado su aislamiento y desvarío. La noche del pasado 25 de septiembre empezó a perfilar los más negros augurios con un secretario general autista de la debacle en Galicia y Euskadi encerrado en su burbuja y aferrado a una disparatada hoja de ruta encaminada exclusivamente a blindarse en su despacho de la calle Ferraz. Su falta de generosidad y cintura política, la táctica de hormigón que le ha conducido de derrota en derrota hasta los peores registros de la historia del PSOE le ha propulsado, finalmente, a una huida hacia adelante que no solo es suicida para su carrera política sino que pone en serio peligro el futuro de la centenaria marca socialista.

En unos meses ha convertido al partido sobre el que durante décadas ha pivotado la estabilidad de España en una olla a presión y un barco a la deriva sin proyecto. El partido que, según decía Rodríguez Zapatero, «más se parece a España» está a punto de naufragar en una guerra cainita por la intransigencia de un irresponsable sin la menor cultura política ajeno a la ética del sentido común.

Pedro Sánchez ha intentado convertir al PSOE en el partido asambleario y populista que jamás ha sido y bajo su batuta se dirigía irremediablemente a competir en ese territorio con la fuerza emergente de Pablo Iglesias. Ahora se ha puesto en marcha el reloj de un pulso interno por la autoridad y el orden interno en el PSOE.

Lo mejor para los socialistas y para el país sería que Pedro Sánchez diera un paso atrás pero todo indica que el obcecado secretario general del PSOE pondrá en orden de batalla a la militancia que le es fiel y la utilizará como brazo armado para intentar eliminar a sus adversarios. Cualquiera que sea el desenlace dejará heridas que tardarán años en cicatrizar en la piel del PSOE y en el tejido nacional.