Diario Sur

LA ROTONDA

Corazón roto

Muchas personas derraman estos días sangre al sostener en su puño con la vehemencia habitual la rosa con la que caminan erguidos por la vida. Esa flor de pétalos hermosos y tallo grueso está ahora llena de espinas, huele a tierra quemada y se decolora en un santiamén. Son muchos los socialistas que reconocen tener el corazón roto por la guerra intestina desatada en el PSOE tras tantos reveses electorales, una lucha por el poder nacida desde el mismo día en el que un hombre de paja se hizo con el cargo de secretario general y los que le auparon reclamaron su cuota correspondiente. Pedro Sánchez, definitivamente, ha perdido la cordura que debe guiar sus actos, pero los críticos a su gestión no deben sentirse orgullosos de la forma elegida para empezar a reconstruir un partido que ha conducido a España desde la ilusionante Transición hacia la apasionante aventura de la consolidación en la Unión Europea. El partido que modernizó este país ha saltado por los aires esta semana por la guerra fratricida en los aledaños del poder. Son muchos los malagueños, significados militantes apartados de la carrera política voluntaria o intencionadamente, que estos días cuelgan en sus perfiles de las redes sociales mensajes destinados a descifrar las réplicas del terremoto que les asola y que señalan que lo que les preocupa no es Rajoy o el gobierno del PP, ni Pablo Iglesias o los desaires de Podemos, sino recuperar su propia identidad.

Se sabe que ser de izquierdas es un sentimiento, una manera de enfocar la vida, solidaria, generosa, desprendida. Por eso siempre a los socialistas les preocuparon más los problemas sociales que los dilemas económicos. Los grandes avances en España en el último medio siglo llegaron con gobiernos socialistas. El sentimiento nunca está por encima de la razón, pero tampoco en contra (de ahí que se legislara sobre la dependencia o el matrimonio homosexual, por citar dos ejemplos recientes). Conforme este país se desperezaba tras cuarenta años de dictadura, el PSOE se erigió en el guía espiritual de una sociedad que demandaba avances significativos de toda índole. Tuvo muchos errores en su gestión, pero de sus aciertos se desprendió una vida mejor para compartirla en concordia.

Ese PSOE que atravesó por grandes dilemas, como el abandono del marxismo o abrazar la OTAN, jamás vivió un conflicto tan doloroso como el actual -ni siquiera entre felipistas y guerristas-, con la militancia atónita por los enfrentamientos entre sus dirigentes y abatida por el cúmulo de derrotas electorales. Hoy son muchos los que echan la vista atrás y le reprochan a Susana Díaz sus continuos amagos de asalto al poder. Quizás nunca lo alcance porque ya no exista.