Diario Sur

Contador a cero

Mi hijo Óliver aún no ha cumplido cuatro años, pero cuando juega al baloncesto en su canasta de plástico siempre nombra a alguno de sus jugadores favoritos del Unicaja: Kuzminskas, Thomas, Fran Vázquez... Me va a resultar difícil convencerle de que estos nombres ya no están en el equipo y siempre se mosquea un poco cuando le saco el tema. Para compensar el mal rato, le cuento que ha llegado al equipo un jugador que se llama como él y, sobre todo, que dentro de poco empezará de nuevo el baloncesto en el Carpena.

Esta anécdota sirve como reflejo de lo que le pasa a muchos aficionados. Hay tantos cambios en los equipos que cada vez es más difícil identificarse con los jugadores, la gran mayoría norteamericanos –cinco hay en el Unicaja este año–, que lo normal es que no duren mucho en los clubes.

Pero no importa. Lo bueno es que la ilusión de empezar una nueva temporada puede con todo. Unos ídolos reemplazan a otros y ya está. Todo el mundo quiere ver al mejor Nedovic, los tapones estratosféricos de N’Diaye, comprobar cuántos triples puede meter Fogg o si Dani Díez por fin despega. Si el Unicaja puede darle algún susto a los grandes o si realmente se puede llegar lejos en la Eurocup. Para ello contamos en Málaga con el mejor patrocinador de Europa –aquí se paga siempre a final de mes, no como en otros clubes–, con un pabellón de primer nivel y con una afición fiel que está deseando ver a su equipo. Han pasado cuatro meses desde que el Unicaja dejó de competir y hay unas enormes ganas de baloncesto. Yo reconozco que siempre me ilusiono mucho al principio de cada temporada. Tanto, que hasta se me olvidan algunos despropósitos del club en su política deportiva o la falta de autocrítica que en ocasiones hay en Los Guindos. Tampoco quiero pensar mucho en que este año pago más por los abonos que hay en casa, aunque no pueda ir a ver los partidos entre semana, o en que la Euroliga nos ha dado un empujón por la espalda por culpa de no sé quién. Seamos positivos, disfrutemos del baloncesto y pongamos el contador a cero. Después, todo dependerá de que entre o no la pelotita.