Diario Sur

EL EXTRANJERO

Rabia

Ayer fue el día mundial de la rabia. Aparecieron carteles y cuñas publicitarias que nos advertían del grave problema que supone esta enfermedad y nos informaban que más de cincuenta mil personas mueren cada año en el mundo a causa de ese mal. Más del noventa por ciento de los casos se transmiten a causa de la mordedura de perros y gatos. Una ínfima parte se contagia entre humanos, también por mordedura. En mi remota historia familiar se hablaba de un caso en el que un antepasado pacífico fue mordido por su perro y contrajo la rabia. Contaban que el sosegado pariente se transformó en un tipo agresivo al contraer el mal, y que en su agonía, viendo a un sobrino muy querido a los pies de la cama le dijo cariñosamente: Ven, acércate, que a ti no te voy a morder.

Es lo que a Pedro Sánchez le habría gustado oír ayer al entrar en la sede de Ferraz. En el PSOE también conmemoraron ayer el día de la rabia. Lo hicieron a lo grande. A estas horas el virus corre por todas las federaciones y sedes socialistas. El episodio, por su virulencia, recuerda aquel germen traicionero que dividió al partido entre renovadores y guerristas, si bien en este caso puede ser incluso más peligroso, mucho más dañino. En aquel tiempo el partido no estaba amenazado por una fuerza externa que aspiraba seriamente a adueñarse de su territorio. La Izquierda Unida de entonces era poco más que una sombra en comparación con Podemos. El partido morado es el que ha hecho que la rabia se propague de un modo tan impetuoso entre los miembros del PSOE. Por encima de las maniobras de Sánchez, por encima de ese clamor cada vez más sonoro que señala sus movimientos como una táctica de mera supervivencia, la cuestión, finalmente estriba en saber si el PSOE está más cerca de Podemos que del PP.

Ese es el dilema. El halo de Merkel o el de Tsipras. El cuello de botella que llevó a Zapatero a chocar de bruces con la realidad o el asalto con pértiga a los cielos. Ayer por la tarde la rabia se lanzó al galope. Los rabiosos huyen del agua pero las cañerías han reventado y la riada salpicará a todos. Rabiosos o no. Aquellos fontaneros de otros tiempos fueron sustituidos por Pepe Gotera y Otilio. A estas horas cada cual acude a su banderín de enganche dentro de las agrupaciones. La cascada irá bajando hasta llegar hasta nuestra puerta. En el PSOE malagueño hace tiempo que se pusieron las botas de goma. Heredia, sentado a la siniestra de Sánchez, ya tomó partido. Como el hijo de un divorcio que vive en casa de la madre, se vio obligado a decir públicamente que quería más a mamá Díaz que a papá Sánchez. En estos momentos, sacudidos por la hidrofobia, una legión de militantes está tomando partido. Unos tratan de soportar el contacto del agua, otros simplemente de flotar.