Diario Sur

FÚTBOL ESCRITO

Juzgar al juez... con listeza

Ser árbitro debe de ser bastante difícil. Y debe de requerir, además, una pizca de masoquismo. Verse expuesto a la desaprobación, cuando no al insulto, de decenas de miles de personas en una plaza pública tiene que ser forzosamente desagradable. Hay quien dice que el árbitro es un futbolista frustrado. Sin embargo no es una teoría plausible: si así fuera, el árbitro sería un resentido que no amaría el juego. Y tiene que amarlo para colocarse en el discutidísimo lugar del juez que puede decidir partidos con decisiones siempre sujetas al posible error. En descargo de los árbitros hay que destacar la enorme dificultad de su trabajo. Y también el elevado número de aciertos por partido. Pero lo que no pueden pretender es que sus decisiones erróneas queden en nada; que no susciten protesta ni polémica. Igual que se crucifica a un delantero que falla a puerta vacía, o a un portero que se come un balón fácil, es lícito juzgar al juez. Porque el fútbol es un juego, y como tal carece de importancia real. Sin embargo el jeque Al-Thani ha cometido un error y se ha metido en un lío con sus críticas al árbitro Álvarez Izquierdo, que se inhibió en una jugada muy protestada en el Betis-Málaga del viernes pasado. Más allá de la denuncia del Comité Técnico de Árbitros ante Competición, que tendrá su recorrido aparte, lo preocupante es que este colectivo empiece a mirar al Málaga con ojo retorcido. Hay que ser más listo y dejar la protesta para la afición, o para el entrenador, pues se trata de dos actores 'calientes', pero nunca para el presidente, porque eso le da rango de oficialidad. Y una queja oficial necesita de muchas más pruebas que una falta no pitada o una tarjeta no sacada.