Diario Sur

PATIO DE BUTACAS

CERVEZA SOCIETY

Alguien que programa una exposición sobre el fotógrafo que se escondía tras la alargada sombra del desmesurado actor Dennis Hopper es, cuanto menos, un cinéfilo. Después siempre dice que lo suyo es el arte contemporáneo y que de películas contemporáneas no entiende. Pero lo cierto es que al director del Museo Picasso Málaga, José Lebrero, nunca le falta un filme del que hablar. O una serie. Ahora anda fascinado con el humor negro de 'Fargo', ese niveo esqueje surgido del árbol genealógico de los hermanos Coen -una familia que seguro que también daría para una exposición en el MPM-. Repasamos el alto poder adictivo de 'Narcos', la serie del patrón Pablo Escobar. Un demonio. Y acabamos en el paraíso de Woody Allen y su lánguida y elegante 'Café Society'. De todo ello hablamos el pasado lunes en la conversación previa a la entrevista en la que también salieron otros cafés con menos glamour. Los que, junto a cervezas y tapas, han convertido el centro en una gran terraza al aire libre que ha acabado con el idílico sueño de la peatonalización del casco antiguo. Los coches iban a dejar paso a los ciudadanos, pero muchas calles se ha transformado en aparcamientos de sillas y mesas.

Lejos de mantenerse ausente frente al asedio del parque temático hostelero, José Lebrero es de los primeros responsables institucionales que se ha incorporado al debate de esta capital de museos, cuyo éxito también está degenerando en una capital de terrazas. Y ante esta situación no vale la necedad o la hipocresía. A todos nos gusta ir al casco antiguo a tomar algo, pero eso no implica que haya que mirar para otro lado ante este desarrollismo. Más que nada por no tropezar con alguna mesa y acabar metido en un plato de ensaladilla rusa. Para pasear por el centro hay que evitar ya algunas rutas. Y los ruidos y ocupación de la vía han dejado de ser un problema de los pocos vecinos que aguantan en el centro para convertirse ya una cuestión ciudadana. La situación pide una ordenación urgente y mayor vigilancia del Ayuntamiento, aunque lo mejor sería que los hosteleros desarrollaran su propio manual de buenas prácticas y se dieran cuenta de que su futuro pasa por poner límites al exceso. Como dice Lebrero, aún estamos a tiempo de evitar que la ciudad acabe convertida en un 'cerveza society'.