Diario Sur

LA TRIBUNA

El Guadalmedina y el sentido común

Mucho se ha escrito sobre las posibles soluciones al río Guadalmedina, de igual forma, numerosas han sido las pasadas actuaciones y el destino de importantes partidas presupuestarias que poca, o nula utilidad, han tenido al servicio de la ciudad o al uso ciudadano. Málaga es una ciudad turística que debe exportar, además de sol, modernidad, confort y comodidad al visitante foráneo.

Quisiera aportar una opinión positiva al problema endémico de nuestro río, a través de la visión de un ciudadano, geólogo malagueño y especialista en ingeniería civil, y desde la experiencia internacional de haber sido residente en el Reino Unido, Irlanda y Emiratos Árabes Unidos (Dubai, Abu-Dhabi y Qatar) y que ha asistido a numerosos proyectos de ingeniería terrestre e hidráulica en estos países bajo el paraguas de la consultoría inglesa.

Desde mi punto de vista, la alternativa al problema del río y la restauración de su entorno urbanístico, al margen de las competencias entre administraciones y el signo político, se ejecutaría con dos paquetes de actuaciones que generarían una imagen bien distinta de la ciudad, destinadas exclusivamente a la seguridad de la urbe, el uso y disfrute ciudadano del río, y que se resumen:

Actuación hidráulica

Constituye una actuación crítica. La presa del Limonero representa aún hoy día, independientemente de su importante función reguladora de caudales de avenidas y prevención de inundabilidad, un increíble riesgo geológico para la ciudad, más aún cuando nos encontramos en una provincia sísmica por su situación en el borde de la placa euroasiática y contacto con la africana, con una aceleración sísmica básica de 0,11g y un coeficiente de contribución de K=1.0, lo que lleva a sismos de grado 5 o superiores en la escala Richter y epicentros situados a menos de 10 km de profundidad. En definitiva, la presa en sí, constituye una bomba de relojería de gran vulnerabilidad frente a las catástrofes naturales en la cabecera de la ciudad, que debería reducir su misión actual reguladora hasta mínimos.

La actuación se basaría en una política de trasvases de caudales a subcuencas adyacentes para minimizar el impacto y función de la presa actual; estos son, trasvase presa del Limonero-Casasola o Campanillas (según cota y pendiente) para uso agrícola mediante un túnel de unos 6.5 kilómetros; y trasvase presa del Limonero-Nueva presa en el arroyo Jaboneros de prevención de riesgo frente a inundabilidad (barriadas de la Mosca, el Palo) mediante un túnel de unos 5.5 km.

Actuación urbana

Nos centraríamos en el segmento entre el actual puente de la Alameda y el Puerto importando el modelo del Nyhavn de Copenhague; es decir la creación de increíbles bulevares llenos de colorido a ambos lados del río para el paseo y el disfrute urbano con áreas de ocio, terrazas y tiendas al amparo de un saneado cauce fluvial. El río al mismo tiempo, tras las actuaciones de limpieza y dragado, se hace navegable para embarcaciones recreativas a motor tipo barcazas, góndolas y demás embarcaciones ligeras de recreo que pueden salir al mar abierto en cortos trayectos.

Para ello se realizan las siguientes actuaciones:

- Elevación de unos metros de la plataforma actual de paseo sobre escollera, mediante voladizos con estructuras metálicas tipo pérgolas.

- Readaptación estética de las escolleras de protección

- Acceso a los muelles de embarque mediante escalinatas y pantalanes de madera

- Dragado y saneo del cauce actual con entrada de agua de mar limpia, y operaciones de mantenimiento, con recuperación del material de dragado -zahorras naturales- para la ampliación del puerto y las terminales de mercancías.

Con esta actuación la ciudad ganaría un espacio muerto y gris, que se llenaría de vida y colorido. Aguas arriba del Puente de Alameda, las actuaciones urbanas podrían ser diversas y sujetas al consenso integrador de los ingenieros, aunque estarían condicionadas por los actuales puentes, donde se incluirían desde el soterramiento-embovedado del cauce actual y la ordenación de ejes viarios norte-sur, a la creación de nuevos boulevares y alamedas para el disfrute ciudadano y la práctica del deporte (carriles bici, circuitos deportivos, etcétera).

Málaga debe por tanto, y dado que posee un enorme potencial natural y recursos propios infrautilizados (montañas, desembocadura de ríos, parajes naturales, parques geológicos, etcétera), resolver sus graves problemas actuales conceptuales, y ofrecer una imagen de ciudad desarrollada, cálida, cómoda y cosmopolita con una cierta calidad turística que a fin de cuentas nos identificará en el exterior como un destino turístico altamente competitivo.