Diario Sur

SIN IR MÁS LEJOS

El Benítez, zona caqui

Vino sin alcohol, tabaco sin nicotina, escolares sin deberes, y ahora también grandes parques sin césped ni nada que se le parezca. Tumbarse en la hierba a ver cómo la panza de un airbus se cruza con las ensoñaciones no va a ser posible. Aviación Civil no quiere que el futuro parque en el Benítez tenga alguna discreta pradera para evitar el riesgo de atraer pájaros que puedan ser tragados por las turbinas. El césped es un anglicismo botánico muy caro de mantener y el proyecto municipal no iba por esa idea de campo de golf sin hoyos sino más bien por la de un sucedáneo espartano de hierbas autóctonas que verdee si acaso en tiempo de lluvia. Ni aún así. Todo parece indicar que la negativa de Aviación Civil también se extiende a un modesto conato vegetal con amarillento barbecho de verano. Los reparos de los encargados de la seguridad aérea llegan algo tarde. El Ayuntamiento, con tres millones de euros pendientes de gastar en el futuro parque, ya ha enterrado algunos en hacer una laguna central, auténtico bebedero de aves para la autoridad aeronáutica. No parece que haya un plan B para el plan verde que aporte una guarnición decente a los senderos y a los estupendos pinos del lugar. Va a ser un plan caqui. El riesgo cero no existe y esa invasión fatalista de aves kamikaze que pronostican las autoridades aéreas parece un exceso de celo similar a la invasión fallida de mosquitos tigre, más que nada porque en la vecina base aérea no se va eliminar la superficie verde. Al contrario. Los militares lo ven de otra manera e incluso, al hacer sus cuentas para mantener la vegetación a raya, han decidido adjudicar la explotación de las cuatro hectáreas de aprovechamiento agrícola que rodean el aeródromo. La maleza dará paso a aguacates, almendros y hasta olivos en los que Aviación Civil vería el correspondiente mochuelo. De la aeronáutica militar no se puede decir que sea a la civil lo que la música militar respecto a la música, y por eso resulta extraño que pueda haber un cuidado vergel castrense que visiten también esos mismos pájaros que son tan peligrosos para los aviones comerciales. Un césped civil en el Benítez no parece una catástrofe. Las gaviotas, que sí que son un gran peligro contra el que luchan a diario el nuestro y todos los aeropuertos de litoral, se conocen las idas y venidas del puente aéreo 'low cost' que Málaga es y desde hace tiempo dejaron de ser sólo pajarracos de playa. Llevan tiempo atareadas tierra adentro con sus andares de madera en busca de comida, incluso con dieta fácil de contenedor de mercado y de restos de bocadillo en los patios de colegios. Viven en el vertedero y no miran al aeropuerto que las mantiene a raya. Les tienen respeto a los aviones y nos lo han perdido a nosotros, como las cotorras argentinas a los gorriones. Esperemos que al experto de parques y jardines de Aviación Civil no se le ocurra darse una vuelta por el campo de golf del Parador. Hay demasiada hierba.