Diario Sur

LA ROTONDA

El último muro

Hace 48 horas se derribó una barrera que levantaba muchos muros mentales en la vida de las personas a una edad en la que precisamente se construyen los sueños. Hace dos días se puso fin a una de las etapas cruciales para los estudiantes, la que sellaba su presente y marcaba su futuro. Se terminó la Selectividad, ese examen eliminatorio previo a la Universidad, tan temido por todos y tan innecesario para unos cuantos (en cuanto a que el grado de conocimiento en determinadas materias no satisface luego el programa de estudio de la carrera elegida). A partir del próximo curso habrá otra cosa, reválida o como se llame, pero esa da para otro análisis. La historia de ahora remite a la injusticia que supone una evidencia admitida por todos, pero no por ello exenta de rechazo, pese al silencio intransigente de la adormecida sociedad. El pasado miércoles muchos estudiantes tuvieron la agradable sensación de haber superado la Selectividad, pero con la acidez de ser muy conscientes de que no les sirve para casi nada, pues las carreras más demandadas no tienen plazas para los aprobados de septiembre.

Unos 1.700 alumnos se sometieron a esa exigencia que requiere un ímprobo esfuerzo. Una cosa es premiar a los alumnos que cumplen en junio y otra cosa es que los que se esfuerzan en septiembre solo encuentren ingratitud y nula recompensa -no siempre examinarte después del verano debe ser sinónimo de mal estudiante o de holgazán, aunque tampoco se puede convertir la excepción en norma-. Algunos, como contrapeso de tamaña injusticia, apelan al distrito único, lo que significa que sea la familia la que tenga que endeudarse para mandar a su hijo a estudiar a otra ciudad, ya que eso se traduce en una doble injusticia, para el alumno y para el padre o la madre. Que la mayoría de las titulaciones más demandadas en la UMA no ofrezcan plaza en la convocatoria de septiembre me parece una grave carencia del sistema que lejos de equiparar a los jóvenes les hace sentirse despojados de la dignidad más elemental como alumno. Si elevar la nota de corte año tras año pone el listón de exigencia hasta límites a veces inalcanzables -en una selección que no siempre se corresponde con los méritos contraídos-, la falta de igualdad de oportunidades me parece una tara inadmisible en una sociedad que se precie de intentar buscar el bienestar y la igualdad. A veces dudo de que sea un fin común, compartido por la mayoría, pues determinados hechos así lo ponen de manifiesto.