Diario Sur

EL RAYO VERDE

Tarjeta roja

Se acabó el 'jogo bonito', si alguna vez lo hubo, en el Parlamento andaluz. El pleno de control del Gobierno de ayer estuvo lleno de patadas, zancadillas, tánganas, hasta unos extremos inusuales. Cualquiera diría que sus señorías no tienen nada mejor que hacer, que no hay más problemas que atender o que no son representantes del pueblo y por tanto obligados a la mayor ejemplaridad para estar a la altura de su dignidad.

Invitados por IU, diversas personas sentadas entre el público interrumpieron en una secuencia de momentos, uno tras otro, la réplica que Susana Díaz daba al presidente del PP-A, Juanma Moreno, para protestar por sus despidos en los servicios telefónicos de Emergencias. En el desalojo hubo insultos e improperios, pero también un detalle chusco: los diputados de IU y de Podemos se pusieron de espaldas al hemiciclo para aplaudir a quienes eran desalojados mientras continuaba la intervención de la presidenta. Antonio Maíllo explicó que era para contrarrestar los aplausos que en esos momentos los socialistas daban a su lideresa, pero el gesto quedó como un desplante a la Cámara. Interrupciones similares se han producido, con la intervención consiguiente de los servicios del Parlamento, pero que sus señorías participaran de la algarada es ya por demás.

Luego, los parlamentarios del PP abandonaron sus escaños y exigieron que la presidenta retirara la última frase de su réplica, en la que dijo que sus padres le habían dado estudios, honradez y vergüenza, «cosas que usted no tiene», espetó a Moreno Bonilla, y éste se ofendió, como si nunca hubiera lanzado él mismo dardos similares a su contrincante.

La presidenta había llegado como si hubiera desayunado truenos, porque se paró a despotricar contra Rajoy y su confesión de que no le importa que haya terceras elecciones, y para reconocer que de la convocatoria del comité federal del PSOE por parte de su secretario general, Pedro Sánchez se había enterado por la Prensa. Que venía, como canta Ketama, 'venenosa', con perdón, se vio nada más responder a Maíllo. Celebró su alta del cáncer de estómago que ha sufrido, a pesar de sus diferencias políticas, explicitó, y siguió tajante. «Pero la vida sigue» y se aplicó con dureza.

Este es el ambiente en el cogollo del poder autonómico. Haya o no elecciones a la vista y cuerpo de campaña; nervios internos, apreciables en un PSOE regional desnortado por lo que pueda tener en mente Pedro Sánchez y los movimientos para responderle; intentos de ganar medallas ante el jefe, véase el presidente del PP-A, o estrategias cada vez más amorosas, las de IU y Podemos, hay que resistir la tentación de perder las formas. Si nunca procede, ahora menos.