Diario Sur

LA TRIBUNA

Personas tóxicas

Muy pocos son los que nunca habrán escuchado estos términos, tan en boga de un tiempo a esta parte, tan claros y específicos pero también tan difusos. Pues bien, podríamos referirnos con ello a todas aquellas personas que circundan nuestro entorno y nos transmiten malestar, tensión o intranquilidad. Los podemos hallar por múltiples lugares, incluidas las redes sociales.

La cuestión es poder detectarlas a tiempo y bloquearlas -no estoy refiriéndome exclusivamente a lo anteriormente aludido- e impedir que se vayan agrandando, como una masa viscosa, y te atrapen con sus poderosos tentáculos hasta que lleguen a asfixiarte y ya sea demasiado tarde para poder escapar. En ocasiones se crea una psico-dependencia afectiva difícil de soslayar. Se detectan entre familiares o amigos principalmente y llegan a absorberte la energía hasta dejarte sin aliento, son también los llamados vampiros emocionales, sin embargo estos difieren de los anteriores por una serie de actitudes ya que no son tan activos y puedes estar conviviendo con ellos durante décadas sin que lo hayas advertido, si bien poseen muchas características comunes.

Las personas tóxicas pueden estar representadas por una madre exigente, un padre autoritario o un hijo o hija de estas mismas particularidades. Tampoco nuestras parejas se escapan de este ámbito. Es complicado alejarte de un familiar o un ser querido porque en muchas ocasiones estamos condenados a convivir con ellos, pero sí que podemos distanciarnos y minimizar sus gestos, especialmente los tan recurridos 'chantajes emocionales'. Tenemos que, en definitiva, saber detectarlos y no permitir que nos afecten. En ocasiones también los hijos estamos en la obligación de reeducar a esos padres o madres que nos atosigan, nos controlan y siempre quieren tenernos a su vera, como cuando éramos unos críos.

Todo esto con otros matices y escalas se produce en determinadas amistades. «Las amistades peligrosas», las que te llevaban por el mal camino, pasarían a ser en estos tiempos Las amistades tóxicas, las cuales, en la mayoría de las ocasiones, te acorralan y no te dejan respirar, y lo peor de todo, te transmiten toda su negatividad, su mal humor, su mal genio, su mal rollo y, en definitiva, sus ganas de amargarte la vida. Hay que decir que esta actitud la llevan, incluso, impresa en sus células y les resulta muy difícil desprenderse de ella. Muchas veces, le dejan a uno convaleciente durante días o semanas debido a sus agravios, mientras ellos-ellas están tan ricamente durmiendo a pierna suelta en tanto tú sigues mascullando el berrinche que te han dado sin saber ni el cómo ni el porqué. Y se te queda la cara de bobo y el corazón embebido, como el conductor que se salta su ceda el paso o un stop y te embiste cual una rinoceronte en celo.

Y asistimos a atropellos varios de todo tipo: porque olvidaste llamarlo-a por la tarde, porque la ropa que te has puesto no es la apropiada, porque has engordado los últimos meses, porque tu anotación o fotografía en Facebook no es de su agrado, porque has quedado con este o aquel que le cae fatal, o porque tu amiga X no la ha invitado a su fiesta de cumpleaños y te hace responsable. Otras veces las personas tóxicas están al acecho para ver si te equivocas en un término, una fecha o una definición. Nada les hace más felices que exhibir sus aptitudes y conocimientos, siempre y cuando les sirva para enaltecerles su ego.

Igual que el Conde Drácula que te abre las puertas de su castillo para tenerte a su merced así nos encontramos con ciertos tóxicos, que como les falles en una determinada situación están recriminándotelo hasta el infinito y olvidan la cantidad de veces que uno-a ha estado apoyándolos, haciéndoles multitud de favores y sufriendo a su lado. Un error por tu parte puede ser letal y te pueden condenar a muerte. Es un decir.

Así qué podemos hacer con estos tóxicos o vampiros emocionales que aparecen por tu casa o se cuelan en tu vida con compungido rostro deletéreo para contarte penas y desgracias o te exigen, te recriminan, te reprenden, te acosan, te castigan, te regañan, te infravaloran, te humillan, te desprecian, te ningunean, te subestiman, te controlan, te fustigan, te usan, te recuerdan constantemente lo que les hiciste en 1987, o lo que dijiste en aquella reunión que te resulta imposible de recordar porque sencillamente no recuerdas ni que asistieras. Habitualmente se nutren ellos de personas como usted: frágil, condescendiente y comprensiva. En muchas ocasiones los receptores cargan con esa cruz como quien ha de llevar su cojera o su giba permanentemente y no son capaces de romper lazos o vínculos con esa pareja que te hace la vida imposible, el amigo o amiga que abusa de tu amistad permanentemente o el padre que te controla hasta cuando respiras.

Lo peor de todo es que por contagio o mímesis te conviertas en otra persona tóxica y la pagues con el que tienes al lado.